Mientras tanto…en Roma

Durante su discurso de la misa de pascua en la Basílica de San Pedro, el papa Benedicto XVI dijo que el hombre no es producto de la evolución. Enfatizó que “si el hombre fuera un mero producto aleatorio de la evolución en algún lugar en los márgenes del universo, entonces su vida carecería de sentido e incluso podría ser una molestia de la naturaleza”. Sí, ya se que están pensando: “Y en otras noticias: el agua moja, Santa Claus no existe y OJ Simpson mató a su esposa”.  Pero aunque no lo crean, la Iglesia Católica ya había aceptado la veracidad de la Teoría de la Evolución.  Claro, no del todo, pues la de ellos es una evolución por selección sobrenatural, guiada por Dios para culminar en el ser humano provisto mágicamente de un alma inmaterial en algún punto del proceso. En 1996, Juan Pablo II se dirigió a la Academia pontificia de ciencias en ocasión del sexagésimo aniversario de su refundación. En medio de un mar de frases condescendientes y autoritarias para la ciencia, pronunció las siguientes palabras:

Hoy […] nuevos conocimientos llevan a pensar que la teoría de la evolución es más que una hipótesis. En efecto, es notable que esta teoría se haya impuesto paulatinamente al espíritu de los investigadores, a causa de una serie de descubrimientos hechos en diversas disciplinas del saber. La convergencia, de ningún modo buscada o provocada, de los resultados de trabajos realizados independientemente unos de otros, constituye de suyo un argumento significativo en favor de esta teoría.

Quince años más tarde, durante una de las misas más importantes para los católicos, y por lo tanto, una de las más cubiertas por los medios informativos, Ratzinger decidió quemar uno de los pocos puentes construidos por la Iglesia entre la fe y la educación. Y todo, dentro de un contexto en el cual el tema de la evolución no venía ni remotamente al caso. Es evidente que desde que se destapó el escándalo de la pedofilia dentro de la Iglesia, las altas autoridades tienen una vendetta con el secularismo y aprovechan cualquier oportunidad para atacarlo.

[…] si el hombre fuese solamente un producto casual de la evolución en algún lugar del universo, su vida estaría privada de sentido o sería incluso una molestia de la naturaleza […] Pero no es así: la razón estaba en el principio, la razón creadora, divina.

El énfasis es mío, pero la arrogancia y la idiotez son de Ratzinger. Me pregunto yo: ¿Quiénes son los que tienen una vida “privada de sentido”? ¿Los que nos asombramos diariamente de la grandeza del Universo y aceptamos con aún mayor asombro el proceso natural que hizo que el Universo tuviera conciencia de sí mismo, a través de nosotros? ¿O los que necesitan prender veladoras a seres invisibles que brillan por su ausencia y repetir una y otra vez lo que se les dijo que tienen que creer para poder estar tranquilos?

Ya lo dijo una vez Carl Sagan, con característica elegancia y claridad:

In some respects, science has far surpassed religion in delivering awe. How is it that hardly any major religion has looked at science and concluded, “This is better than we thought! The Universe is much bigger than our prophets said, grander, more subtle, more elegant. God must be even greater than we dreamed”? Instead they say, “No, no, no! My god is a little god, and I want him to stay that way.” A religion, old or new, that stressed the magnificence of the Universe as revealed by modern science might be able to draw forth reserves of reverence and awe hardly tapped by the conventional faiths. Sooner or later, such a religion will emerge.

En ciertos aspectos, la ciencia ha sobrepasado por mucho a la capacidad de la religión de infundir asombro. ¿Cómo es que casi ninguna de las grandes religiones ha visto hacia la ciencia y ha concluído. “Esto es mucho mejor de lo que pensábamos! El Universo es mucho más grande de lo que dijeron nuestros profetas, más grandioso, más sutil, más elegante. Dios debe de ser mucho más grande de lo que soñamos.”?  En vez de eso dicen, “No, no, no! Mi dios es un dios pequeñito, y quiero que se quede así.”  Una religión, vieja o nueva, que enfatizara la magnificencia del Universo tal y como nos es revelada por la ciencia moderna pudiera atraer muestras de reverencia y asombro jamás alcanzadas por las religiones convencionales.  Tarde o temprano, dicha religión emergirá.

Y así está sucediendo. En parte por el avance de las ciencias y del secularismo, y en parte por las tonterías que semana a semana se dicen desde los púlpitos de las iglesias del mundo. Mientras que en el mundo cada vez hay más personas con los pies sobre la Tierra, en Roma cada día se hunden más en la ignorancia y en oscurantismo de la Edad Media.

Oscar G. Pineda

Oscar es un mamífero bípedo, de la especie Homo sapiens. Disfruta observando extrañas y repetitivas manchas en pedazos de papel, y oyendo a personas de acento raro hablar de peces con patas saliendo del mar; usando palabras raras como ‘qualia’ o números con muchos, muchos ceros. Tuvo la loca idea de dedicar su vida a hacer lo que le gusta, así que ahora está estudiando filosofía en la universidad y ciencia en su tiempo libre. Así se siente a gusto, cuestionando todo; hasta lo que “no se debe cuestionar”. Ah, y odia escribir sobre él mismo en tercera persona.

1 Comment

  • Reply October 16, 2011

    console

    I don’t disagree with you

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