Hijos sin dios

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Hace unas semanas fui a Sophos a comprar unos libros que quería y, además de quedar fascinado con la amplia selección de libros de Filosofía disponibles, me topé con una muy grata sorpresa: un libro llamado Hijos sin dios: Cómo criar chicos ateos. Y no estaba refundido entre un oscuro anaquel perdido en una esquina, ni escondido entre una montaña de libros, sino exhibido claramente en la sección de libros de Padres y Familia. Lo tomé y comencé a hojearlo. Está escrito en forma de diálogo por una pareja de padres ateos: Alejandro Rozitchner (filósofo) y Ximena Ianantuoni (psicóloga), ambos argentinos. Luego de leer un par de cosas que me parecieron bastante acertadas, decidí comprarlo.

¿De qué trata el libro? Como los autores mismos describen en el prólogo, “Éste no es un libro sobre la existencia de dios […] Este libro aborda los problemas que surgen en la crianza cuando los padres son ateos (no porque surjan más problemas que en la crianza religiosa, sino porque se trata de problemas distintos)” (p.9). Si bien es un libro dirigido a personas ateas, creo que por su tono calmado y sincero es una buena introducción para cualquier persona a algunas de las razones más personales y simples de comprender que tenemos muchos para no creer que existan dioses y por qué es una creencia que debemos de evitar seguir cultivando en nuestros hijos. También rompe con el estigma que se tiene de nosotros los ateos como personas amargadas, sin propósito en la vida y sin valores morales. Lo hacen desde una base filosófica bastante nietzscheana, explicando cómo el cristianismo es una visión negativa del mundo, que trata de oprimir los pensamientos, sentimientos, emociones e impulsos que nos hace ser humanos. Rozitchner e Ianantuoni exponen al cristianismo como un sistema filosófico que niega la vida, siguiendo la línea de pensamiento de Nietzsche:

Ximena me decía que criar hijos ateos era criarlos de verdad, plenamente, asumiendo el rol de responsabilidad que la religión tendía a desdibujar, y ejerciendo de manera concreta y real ese amor que la religión, desde nuestro punto de vista, enuncia de manera equívoca y limitada. Suena un poco atrevido decir que la religión no representa al amor, o más bien que da una versión acotada y reducida del mismo, pero llegará el momento de desplegar y discutir las razones que sostienen esa afirmación, a la que consideramos completamente cierta. En todo caso podemos ya adelantar que no es que seamos ateos porque no creemos en el amor o porque nos parece una palabra sonsa, todo lo contrario. Pensamos que el amor más verdadero y auténtico no es el que se imparte en las religiones como valor impersonal, sino ese que tiene origen en el cuerpo y en el deseo. No vemos al cuerpo como opuesto al espíritu, como esa carne que no puede inspirar confianza, sino como el objetivo espiritual por excelencia. (p.13).

Hacen énfasis en un detalle que siempre he considerado muy importante, pues aún muchos ateos y agnósticos tienden a verlo de forma equivocada, generalmente por falta de claridad de pensamiento. Creo que es importante no adoctrinar a nadie en ningún ámbito, mucho menos a nuestros hijos, por dos razones: primero, no hay mejor ni más exquisito conocimiento que el que uno descubre por cuenta propia; y segundo, porque convierte a la gente en esclavos de una ideología y los vuelve inmunes a la razón. Sin embargo, muchos ateos que no quieren criar a sus hijos bajo ningún sistema religioso, frecuentemente creen que la mejor manera de hacerlo es prácticamente hacerse los desentendidos, mentir diciendo que no tienen una opinión clara con respecto a la existencia de dios y de lo sobrenatural. Los autores abordan este tema de una manera concisa y sincera, con la que yo siempre he estado de acuerdo:

¿Qué decir cuando nuestro hijo nos pregunta si dios existe, si somos ateos pero entendemos que su entorno no lo es? Queremos respetar su discernimiento, abrirle espacio a su posición personal, ¿tenemos por eso que hacernos los que no pensamos las cosas que pensamos, para no influenciarlo? ¿No es mejor influenciarlo de manera de hacerle accesible las que nosotros consideramos las mejores opciones? ¿Acaso los padres creyentes les presentan a sus hijos la posibilidad de no creer en dios? ¿Acaso los padres les dan a sus hijos una visión imparcial en temas como la droga o la seguridad, se le presentan las opciones para que los chicos decidan si quieren o no drogarse o se les dice claramente “la cocaína hace daño”? ¿Por qué no hablar entonces también claramente del daño que puede hacer la posición simplista y miedosa de la fe? (p.11).

Por supuesto que el libro no se limita a explicar las muchas razones por las cuales la educación religiosa es una forma muy pobre de enseñar a nuestros hijos a ser personas felices, plenas, realizadas y de valor para el mundo. Los autores también hacen énfasis en que la “crianza atea” no es un deambular por el camino sin ningún rumbo o sin una base sólida: es simplemente una crianza sin dogmas, sin tabúes y sin condescendencias; respetando en todo momento las sensibilidades y el intelecto de nuestros hijos, y por sobre todo, con mucho amor, y que en ningún momento se necesita estimular con premios en el paraíso ni escarmentar con castigos en el infierno para dar sentido a la vida o inculcar valores morales:

Pensar en la crianza desde una perspectiva atea nos da la posibilidad de transmitir un estilo de crianza con el que nos sentimos muy comprometidos. ¿Somos ateos? Sí. Nuestros hijos no están bautizados ni circuncidados, no les hablamos de dios. No nos apoyamos en ninguna creencia religiosa para transmitirles el sentido de la vida. Al contrario, creemos que la vida merece ser vivida de la mejor manera más allá de cualquier idea de trascendencia, que no es necesario ningún más allá para que este más acá sea pleno y valioso, e incluso lo contrario, que el más allá arruina un poco al más acá imponiéndole sentidos que no queremos ni necesitamos. En la crianza, sobre todo, lo único que trasciende es el amor que uno haya podido dar. (p.19).

Y es sobre esta premisa del amor como lo que debe de trascender, así como una visión nietzscheana del mundo, sobre la que Rozitchner e Ianantuoni construyen su filosofía de “crianza atea”. Discuten temas importantes y difíciles como la sexualidad, la muerte, el dolor, el sufrimiento, etc. No es una receta de como criar hijos triunfadores, sino más bien una serie de reflexiones diseñadas para servir de una simple guía para abordar la difícil tarea de criar hijos libres de dogmatismo religioso en una sociedad mayoritariamente religiosa y a veces hasta fundamentalista. Lo único que criticaría sería el poco espacio que se le da al sentimiento de humildad y asombro que la ciencia es capaz de evocar, y de la importancia de que nuestros hijos comprendan la cosmovisión científica. Pero para eso hay otros libros.

Altamente recomendado.

Los detalles

Oscar G. Pineda

Oscar es un mamífero bípedo, de la especie Homo sapiens. Disfruta observando extrañas y repetitivas manchas en pedazos de papel, y oyendo a personas de acento raro hablar de peces con patas saliendo del mar; usando palabras raras como ‘qualia’ o números con muchos, muchos ceros. Tuvo la loca idea de dedicar su vida a hacer lo que le gusta, así que ahora está estudiando filosofía en la universidad y ciencia en su tiempo libre. Así se siente a gusto, cuestionando todo; hasta lo que “no se debe cuestionar”. Ah, y odia escribir sobre él mismo en tercera persona.

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