En el día de la blasfemia.

El día 30 de septiembre de 2005, el diario danés Jyllands-Posten publicó una serie de doce caricaturas sobre el caracter violento del Islam que causaron indignación en la comunidad musulmana. Según el Islam, es una ofensa representar de cualquier forma a su sagrado maestro y profeta y reaccionaron con la serenidad que caracteriza a la “religión de la paz”: armaron protestas violentas afuera de varias embajadas, quemaron banderas, autos y demás objetos; pidieron las cabezas de los caricaturistas y de la administración del periódico e incluso intentaron asesinar a Kurt Westergaard, el autor de la caricatura más “ofensiva” – un Mahoma con un turbante en forma de bomba.

Es importante proteger el derecho de libre expresión y sobre todo, del derecho a criticar, satirizar y desafiar a cualquier gobierno, institución o religión. Sobre todo cuando de una forma u otra son dañinas para la humanidad. ¿Si nadie critica a religiones violentas y perjuiciosas, entonces quién? Es precisamente por la falta de autocrítica y de presión secular que organizaciones como esta llegan a donde llegan. En palabras del mismo Angelo Giuseppe Roncall – más conocido como el papa Juan XXIII: “Hay que admitir que la libertad religiosa debe su origen no a las iglesias, no a los teólogos, y ni siquiera al derecho natural cristiano, sino al Estado moderno, a los juristas y al derecho racional mundano, en una palabra, al mundo laico”. La religión católica no reacciona de la misma manera violenta que la musulmana ante la satira o la crítica, pero durante más de mil años lo hizo, y con creces. Christopher Hitchens lo puso con su particular candor, en un debate reciente con dos religiosos:

Déjenme decirles algo: durante cientos y miles de años, en muchos lugares, hubiera sido imposible tener este tipo de discusiones. O Sam y yo la hubiéramos tenido a riesgo de perder nuestras vidas. La religión ahora nos viene con una cara sonriente y de forma agraciada, porque ha tenido que ceder muchísimo terreno y porque ahora sabemos muchísimo más. Pero no nos debemos de olvidar nunca cómo se comportó cuando era fuerte y cuando realmente creía que tenía a “Dios” de su lado.

A partir del incidente del Jyllands-Posten, se decidió que el 30 de septiembre de todos los años, se celebre a nivel mundial el Día de la Blasfemia. Su propósito podría resumirse en las palabras de Richard Dawkins, con respecto al derecho especial que se le da a la religión:

Yo no estoy a favor de ofender o herir a alguien sólo por hacerlo. Pero estoy intrigado y mistificado por los desproporcionados privilegios que se confieren a la religión en nuestras sociedades seculares. Todos los políticos están obligados a acostumbrarse a caricaturas irrespetuosas de sus rostros, y nadie se amotina en su defensa. ¿Qué hay de especial en la religión que nosotros le concedemos tan privilegiado y único respeto? Como dijo H. L. Mencken: “Nosotros debemos respetar a la religión del otro; pero sólo en el sentido y hasta donde respetamos su teoría de que su esposa es bella y sus hijos son inteligentes”. Es bajo la luz de la presunción sin paralelo de respeto hacia la religión que hago mi propia negación sobre este libro. No saldré de mi camino para ofender; pero no usaré guantes de seda para manejar a la religión en una forma más delicada de lo que manejaría cualquier otra cosa.

Así que en esa línea, les comparto unas líneas que a mi criterio, son de las más irreverentes, pero a la vez de las más poéticas que se han escrito en contra de la religión. En este caso, de la Iglesia Católica. Son las palabras con las que el escritor colombiano Fernando Vallejo abre su ensayo sobre la historia de atrocidades de la iglesia romana, llamado La puta de Babilonia:

LA PUTA, LA GRAN PUTA, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó a Constantinopla y bañó de sangre a Jerusalén; la que exterminó a los albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; la estafadora de viudas, la cazadora de herencias, la vendedora de indulgencias; la que inventó a Cristo loco el rabioso y a Pedro-piedra el estulto; la que promete el reino soso de los cielos y amenaza con el fuego eterno del infierno; la que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma; la que reprime a las demás religiones donde manda y exige libertad de culto donde no manda; la que nunca ha querido a los animales ni les ha tenido compasión; la oscurantista, la impostora, la embaucadora, la difamadora, la calumniadora, la reprimida, la represora, la mirona, la fisgona, la contumaz, la relapsa, la corrupta, la hipócrita, la parásita, la zángana; la antisemita, la esclavista, la homofóbica, la misógina; la carnívora, la carnicera, la limosnera, la tartufa, la mentirosa, la insidiosa, la traidora, la despojadora, la ladrona, la manipuladora, la depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la inconsecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la imbécil, la estúpida; la travestida, la mamarracha, la maricona; la autocrática, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la romana; la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, de Carlomagno; la solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar.

Oscar G. Pineda

Oscar es un mamífero bípedo, de la especie Homo sapiens. Disfruta observando extrañas y repetitivas manchas en pedazos de papel, y oyendo a personas de acento raro hablar de peces con patas saliendo del mar; usando palabras raras como ‘qualia’ o números con muchos, muchos ceros. Tuvo la loca idea de dedicar su vida a hacer lo que le gusta, así que ahora está estudiando filosofía en la universidad y ciencia en su tiempo libre. Así se siente a gusto, cuestionando todo; hasta lo que “no se debe cuestionar”. Ah, y odia escribir sobre él mismo en tercera persona.

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