El límite de fuego

La aventura mar adentro del absurdo se inicia cuando nos sacan, por cesárea o cañonazo, de un lugar bastante tibio. En realidad, tiene su origen un poco antes, con el chapoteo de una mora celular en un jacuzzi intrauterino.

No: comienza mucho más atrás, en el Paleolítico Medio, cuando las mulieres sapientes y los homini sapienti deciden que ya no es conveniente vivir en el África pre-Mandela, y se asoman por Eurasia para ver si sienten la necesidad de ensayar el arte rupestre con un fresco de bisontes en las cuevas de Altamira.

Por divergencias estéticas en cuanto a la representación adiposa de la divina Venus en piedra caliza, otros homínidos disuelven su sociedad con los conmilitones de brocha y de cincel, que por entonces ya exportaban marfil de mamut, a fin de poder inventar la agricultura.

La prehistórica facción, entonces, se marcha rumbo a Lascaux, muy determinada a prefigurar con sus uros el impresionismo francés. Pero se marcha también un poco para probar si, ya más al este, se topa con Atila y su clan de hunos, y de paso les sugiere que no sean exóticos ni practiquen hípica del lado de acá del Imperio romano. Esto se lee en un antiquísimo número de People, edición en sumerio, que fue descubierto en el sitio arqueológico de Piedradura bajo las ruinas de un bidé. Se presume que se trataba del cuarto de baño de Vilma Picapiedra.

Yerro: es que el absurdo se inauguró hace varias eras, cuando aquello del caldo primordial en la gran olla del Precámbrico… No, permítanme ustedes… Todo comenzó muchos eones más atrás, con el gran estreno del Big-Bang en el cine 3-D del centro histórico de la Patria Celestial. Y detengámonos aquí: si desmadejamos más espacio-tiempo, mucho me temo que esto ya se convierta en antimateria o en la teleserie Dinastía.

Escribir en Guatemala ya es un acto de heroísmo. Más o menos como el suicidio de aquella señora que se veía atacada sin piedad por orgasmos espontáneos y posiblemente múltiples (lo digo sin un protón de ironía, por respeto a la difunta). Suicidarse por exceso de placer, o porque el placer es ya insoportable, es una epopeya para la lira de Homero. O de Virgilio. O de Valmiki. Una lira, a fin de cuentas.

Pero el heroísmo tiene cortapisas. Nadie está más allá de su propia incandescencia: siempre hay un límite de fuego, una refulgencia en cuyas afueras no es posible existir sin punición. Si no, que lo diga Prometeo.

Somos menos que bacterias en un grano de arena de un vasto piélago, en un descomunal océano entre un número infinito de océanos suspendidos en un multiverso que, a su vez, es muy probable que esté contenido en un hiperespacio. Y hay multitudes convencidísimas de la existencia de un ser sobrenatural que decidió, según un plan predeterminado desde antes de todos los siglos, que este esquema girase alrededor de nuestra familia de primates; un ser a quien le ofende la comida que usted se lleve a la boca y con quién se levante y se acueste, con qué frecuencia y en cuál posición del Kama-Sutra. Perspectiva, por favor. Y un poco de humildad.

Y, sin embargo, estamos obligados a creer que toda la especie humana proviene de una médula costal clonada a partir de un hombre sin ombligo, a la sazón residente en un bosque mágico donde reptaba un ofidio parlanchín. Si me lo preguntan a mí, entre el Génesis y John Milton, me quedo con John Milton.

Pero hay asuntos más inverosímiles: Rusia recibe asteroides e Ixchiguán ha visto su primera nevada, mientras abdican dos monarcas en el mismo mes. No faltarán los trompetistas de la banda Apocalipsis que, con estos hechos, nos anuncien el fin de la Historia, mejor que Fukuyama, aunque basados en acertijos atribuidos a la santidad de Malaquías de Armagh.

Lo cierto es que algo huele muy mal en Dinamarca… o algunas leguas más al sur, por las riberas del Tíber, pues todos los caminos llevan a la eternidad de una urbe.

Y así sorprende que un césar abdique, quizás porque haya ponderado en su justa magnitud el trabajo hercúleo de limpiar los establos de Augías, lo cual era más bien una tarea para Sansón. No obstante, a diferencia de este, el constructor de puentes ha tomado la elegante decisión de retirarse del templo, antes que derribar sus pilares y parecer en su interior con todo y filisteos.

Hasta en la viña del Señor se cuecen habas. Y nadie es indispensable en esta vida, ni siquiera en la barca de un pescador.

Con esto me despido de este medio, muy voluntariamente, en solidaridad con los colegas Walda Salazar y Óscar Pineda, autores del blog «La vida (parcialmente) examinada». Agradezco de profundis, desde el ventrículo izquierdo, la invitación que Plaza Pública me formulase un día para ser parte de su brillante cuerpo de columnistas y blogueros, sin duda el más versátil, abarcador y combativo de cuantos se publican en Guatemala, incluidos los impresos en papel.

Me voy con la frente en alto, la amistad intacta y la sonrisa en el rostro, pues sé que Plaza Pública, a pesar de sus bemoles, seguirá siendo instrumental y necesario para la construcción de un país menos prepóstero. ¡Hasta pronto! Y todos los abrazos.
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Esta es la última columna, no publicada ayer donde correspondía, de mi espacio «La prepostería» en Plaza Pública. Agradezo mucho el facistol a mi amigo Oscar Pineda.

Ramón Urzúa-Navas

Soberanía orgánica con alguna conciencia de sí misma. Habita Sobrevive de momento en Nueva York Chicago, Subsiste indefinidamente en Guatemala (y desempleado). en una de cuyas universidades persigue la obtención de un doctorado donde se plantea seriamente el abandono de la academia. Tiene claro que lo emborrachan la poética, la retórica, la gramática, la filología, la estética, la metafísica, la historiografía, las ciencias, las culturas, los vinos, usted y otros asuntos misteriosos. Ha sido corrector intransigente, catedrático inexperto, traductor plurilingüe, barman ocasional y a veces bohemio, para menor gloria de dios. Aspira a articular alguna coherencia posmoderna mientras cree en un planeta menos bestial. Todo lo demás carece de importancia.

7 Comments

  • Reply February 17, 2013

    Ángela Fonseca

    ¡Qué tristeza más grande que se trate así a los jóvenes intelectuales de nuestro país! ¿Por qué la Iglesia católica enseña valores como la solidaridad y la libertad si después no los pone en práctica y es la primera en reprimir toda libre expresión del pensamiento? Ramón, te seguiremos leyendo desde Barcelona, mis amigos y yo, en el nuevo blog que abras, ya que Plaza Pública es más Privada que otra cosa. Con la represión lo único que logra la iglesia es que cada vez más gente esté contentísima de no pertenecer a sus filas de filisteos.

  • Reply February 17, 2013

    Manuel

    Bueno, a empezar a leer Guatemala Secular 🙂

  • Reply February 17, 2013

    Martin IronY

    Ya me parecia que también lo habían “filtrado”. Y si hacemos una colecta y le regalamos una gorra de policia al que elige las notas que si se pueden publicar en PzP?
    (Y si no nos alcanza la plata al menos le podemos comprar un solideo jeje)

  • Reply February 18, 2013

    Krishna van den Brule

    Excelente pieza…

  • Reply February 18, 2013

    Regina Fuentes Oliva

    Lo felicito. Como asidua lectora de lo que fue PzP, esperaba una reacción similar de muchos más columnistas… si su columna tampoco fue publicada, significa que la política es clara y, si bien es cierto, fue un medio alternativo, a raíz de los recientes acontecimientos me parece que ya no lo es… ¡felicitaciones! espero que haya otro medio y otras oportunidades para seguir leyendo sus magníficas columnas.

  • Reply May 5, 2013

    alexpot

    Me agrado este pensamiento, y el articulo para mi fue algo agradable leer algo que no sabia, gracias por compartirlo 🙂 Guatemala secular es lo mejor ¡!!!

  • Reply August 7, 2013

    Ramón U-N

    Como dice el epitafio de Groucho Marx, “perdonen que no me levante”. La tardanza envejece por meses, y yo sin agradecerles a ustedes por sus ánimos y enhorabuenas. Nunca es tarde para la obligación: ¡gracias a todos los que me han seguido hasta aquí y, encima, se toman el tiempo de comentar! Seguiremos al pie del cañón.

    ¡Abrazos!

    R.

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