Vida única

Existe una idea recurrente que permea toda nuestra cultura y vida diaria. La idea es la creencia en la vida después de la muerte. Una creencia que viene en distintos sabores y colores. Dependiendo de la religión o culto a la que se pertenezca los detalles son diferentes. Uno de estos sabores de vida eterna dice que si uno es bueno se va al cielo y si se es malo termina en el infierno. En el cielo la gente vivirá en un paraíso y serán felices eternamente. En el infierno es todo lo contrario. Allí la gente sufrirá horribles penas y dolor por toda la eternidad. Dadas las dos opciones la decisión es obvia: seamos buenos en esta vida para ganarnos el cielo después de morir. Después de todo, ¿quién no quiere ser feliz? y mejor aún, feliz para siempre.

Lo bueno del caso es que no es más que un cuento. Un cuento diseñado en la infancia de la humanidad. En aquellos tiempos en que los humanos aun no tenían un entendimiento suficiente de la naturaleza, eventos como la muerte eran profundos misterios que no tenían otra explicación más que la voluntad de dioses caprichosos. La ocasión de la muerte sigue siendo el catalizador de preguntas como: ¿cuál es nuestro propósito?, ¿cuál es el significado de la vida?, ¿habrá algún plan cósmico en el cuál yo juego un pequeño pero importante papel? Es innegable que los humanos necesitamos consuelo a lo largo de nuestras vidas. Y no es muy difícil ver la manera en que creencias tales como la vida después de la muerte es una de esas cobijas de consuelo. Algo a lo que nos aferramos sin razón porque nos hace sentir mejor.

La creencia en la vida después de la muerte aparece por todas partes. Recuerdo siempre la película Gladiador protagonizada por Russel Crowe. En la cinta, nuestro protagonista —Maximus— pierde a su familia a manos del enemigo. Pierde su estatus y su poder. Es un esclavo. Un diálogo conmovedor es el que sucede entre Maximus y Juba:

Juba: ¿Pueden escucharte?
Maximus: ¿Quién?
Juba: Tu familia. En la otra vida.
Maximus: Oh sí.
Juba: ¿Qué les dices?
Maximus: A mi hijo, le digo que lo veré pronto. Que mantenga los talones bajos mientras cabalga. A mi esposa… eso no te incumbe.

Así como esta escena, existen hoy muchas personas que creen que sus familiares fallecidos los ven sonrientes desde el cielo. ¿Se imaginan cómo se sentiría el pobre Maximus si le dijeran que no hay evidencia alguna de que el ego y toda individualidad personal no sobreviven la muerte y degradación del cuerpo? Seguro que se habría suicidado. A muchas personas se les estaría quitando lo que talvez sería una razón para vivir, lo que les hace levantarse en la mañana día a día. En otras palabras les estaríamos quitando su sábana de confort, los brazos de la madre protectora, la promesa del padre eterno.

La humanidad avanza, crece y madura como especie. Así como los niños dejan de creer en Santa Claus, la cigüeña que trae los bebés y los monstruos debajo de la cama; de la misma forma la humanidad empieza a darse cuenta que una idea como la vida después de la muerte es un cuento de la infancia. ¿Cómo ha sucedió? Ha sido la acumulación de conocimiento sobre el mundo que nos rodea, organizado y sistematizado en un conjunto coherente que hoy llamamos ciencia. La ciencia se soporta en evidencia y hechos, y toda la evidencia apunta a que toda vida y conciencia termina en el momento de la muerte cerebral. No hay cielo ni infierno. Todo lo que tenemos es esta vida. Es una afirmación más poderosa que cualquier promesa divina. Hay quienes la descartan basados en su fe. Cada quién que crea en lo que se le dé la gana. Pero el hecho de creer en algo, no hace que sea automáticamente cierto.

Ser buenos para no ir al infierno podría ser una buena razón para llevar una vida correcta. Si aceptamos que no hay cielo ni infierno, ¿dónde queda nuestra razón para ser buenos? El conjunto de creyentes se dividiría en dos bandos: el primero, los que seguirían siendo buenos y ven que no hay razón alguna de perjudicar a sus semejantes; y el segundo, los que se sentirían liberados de toda obligación moral y no pensarían dos veces antes de hacer algo que perjudique a las personas que les rodean.

En lugar de aferrarnos a la idea de que un ser supremo tiene un plan diseñado para nuestras vidas, de que todos tenemos un propósito definido para nuestra existencia, de que venimos a este mundo a sufrir y que nos espera nuestra recompensa después de muerte; ¿que tal si en lugar de vivir con esas creencias, adoptamos la realidad basada en hechos y en evidencia que hemos acumulado? Viviríamos en un mundo mejor. En lugar de aguantar el sufrimiento creyendo que en la otra vida vamos a ser felices, trataríamos de ser felices aquí y ahora, puesto que esta vida es la única vida que tenemos. Al darnos cuenta que nadie ha trazado un plan para nuestra vida y que nuestras acciones no son guiadas por los designios de los cielos, es entonces que somos libres de construir nuestra vida con total libertad y responsabilidad. ¿No sería esto abrir la puerta a la inmoralidad para que las personas hagan el mal? La decisión es de cada quién, ¿te produce satisfacción o felicidad el hacer el mal? Si tu respuesta es afirmativa, creyente o no, eres una mala persona y por las leyes de la sociedad —que no toleraría el comportamiento criminal— terminarías en la cárcel. ¿Acaso no es razón suficiente hacer el bien por el simple hecho de poner una sonrisa en el rostro ajeno? Todo mundo coincide en que la verdadera felicidad consiste en hacer felices a aquellos que nos rodean. ¿Es necesario tener la promesa del paraíso para que seamos buenas personas unos con otros?, ¿No suena eso a la advertencia que se le da al niño malcriado: “portate bien o no te compro el juguete”?

La visión de la realidad que nos ofrece la ciencia en la actualidad sobrepasa toda doctrina religiosa. En la antigüedad pensábamos que la Tierra era el centro del Universo y que Dios nos creó a su imagen y semejanza. Ninguna persona que se precie de razonable podría tomar esas historias en serio. Toda la evidencia está en su contra.

Al final esto tiene repercusiones en nuestra vida diaria. ¿En qué medida el conformismo y la resignación se derivan de la promesa de una vida mejor después de morir? ¿En qué medida la promesa de una vida eterna en el paraíso impulsa a los creyentes a ser buenas personas? ¿Cuántos serán los buenos que son buenos porque viven con el miedo de ir al infierno? ¿Cuánta gente se queda sentada esperando que Dios venga a arreglar sus problemas?

La vida es aquí y ahora. Si queremos hacer algo útil con ella, esta es nuestra única oportunidad. Si no hacemos justicia, no la habrá después. Las miles de personas que han vivido y muerto en esclavitud no están disfrutando del paraíso. Los que se han muerto de hambre no están degustando del banquete celestial. Los que han muerto engañados no descubrirán jamás la verdad. El violador de menores que quedó libre por falta de pruebas no va a sufrir su castigo en el infierno. Todo opresor que no entregue cuentas a la justicia se habrá salido con la suya, jamás sufrirá condenación eterna. La única oportunidad de hacer algo por un mundo mejor es la vida que tenemos ahora.

Para concluir, terminos con una nota positiva. Cito a Albert Einstein, que tiene un pensamiento para casi cualquier situación de la vida diaria.

Extraña es nuestra situación aquí en la tierra. Cada uno de nosotros viene a una corta visita, sin saber por qué, aunque a veces pareciera que vislumbramos un propósito. Desde el punto de vista de nuestra vida diaria, sin embargo, hay algo que sí sabemos: que los humanos estamos aquí por el bien de otros humanos, sobre todo por aquellos sobre cuyas sonrisas y bienestar descansa nuestra propia felicidad.

Enrique Pazos

Originario de la Ciudad de Guatemala, obtuvo una licenciatura en física en la USAC y realizó estudios de doctorado en la rama de gravitación, agujeros negros y física computacional en la Universidad de Maryland, EEUU. Actualmente se desempeña como profesor de física y matemática en la Facultad de Ingeniería de la USAC. Le interesa la física teórica y computacional, la divulgación científica y motivar el pensamiento crítico. En su tiempo libre gusta de la lectura, subir montañas y aprender todo lo posible sobre otras ciencias.

14 Comments

  • Reply April 16, 2013

    Héctor Gatica

    Se imagina como en sociedades como la nuestra, en donde están tan arraigadas las costumbres y creencias religiosas, llegue el momento en el que la gente deje de creer en esas cosas. Muy, muy difícil, no?

    • Reply April 17, 2013

      Enrique Pazos

      Es difícil, pero no imposible. Prueba de ello son los países del norte de Europa.

  • Reply April 17, 2013

    La filistea

    Gracias Enrique por la cátedra. Por la reflexión por meter a la ciencia en un tema tan trillado pero que al leerlo desde un punto de vista sin adornos religiosos es instructivo. Es curioso como algunos hacen todo lo posible por un hacer puntos en un futuro después de la muerte mientras la vida se pasa tan rápido y nunca lo notaron.

    Abrazos.

    • Reply April 25, 2013

      Enrique Pazos

      Coincido. El tema es trillado porque ha sido monopolio de la religión por miles de años y no lo quiere soltar. Es allí en donde la apertura mental y el conocimiento que poseemos ahora hacen que el discurso religioso se vuelva obsoleto.

      Un abrazo Filis!

  • Reply April 17, 2013

    Enrique

    Excelente articulo, me gusto mucho esta lectura 🙂

  • Reply April 19, 2013

    Ana Raquel Aquino

    Siempre he pensado que existe gente buena haciendo cosas buenas, sin importar en lo que crean o dejen de creer. Está en uno mismo y para mí es mucho más valioso hacer las cosas de manera positiva porque yo creo que es algo bueno para mí que estar con los ojos tapados y vivir en una especie de cuento fantasioso que nos cuenta cómo debemos de interpretar todas las situaciones de la vida que no podemos explicar fácilmente. Eso da pereza mental, conformismo y después, como consecuencia intrínseca, rebaños de ovejas… por montón!

    • Reply April 25, 2013

      Enrique Pazos

      Los rebaños, cómo quisiéramos que cada quién hiciera las cosas por convicción. Dado nuestro entorno, lo mejor que podemos hacer es empoderar a cada individuo y la mejor forma de hacerlo es educando a la gente. Talvez éso sea lo que temen los gobiernos y la misma iglesia.

      Saludos!

  • Reply April 29, 2013

    Alfredo Rodríguez

    Hola Enrique, excelente artículo, “vida única”, reflexiono que desde un punto de vista filosófico, se podrían extraer varias lecturas de tu artículo y su título; por cierto, cuál es tu opinión sobre los conceptos de “significado de la vida”, “sentido de la vida” y “propósito de la vida” no desde el punto de vista filosófico sino más bien desde el punto de vista científico – si es que en rigor y al final pueden ser separados……- ya que tradicionalmente son cuestiones consideradas como filosofía ( teleología y ontología ) y no ciencia estrictamente hablando, aunque esto también puede ser relativo………………..gracias, saludos y siempre pendiente de tus comentarios,

    Alfredo Rodríguez

    • Reply April 29, 2013

      Enrique Pazos

      Hola Alfredo,

      Interesante tu comentario. Aunque los temas de significado, sentido y propósito de la vida se han discutido en el ámbito filosófico; uno de los logros aún no muy reconocidos del siglo XX es precisamente la explicación científica de los procesos de la vida. Me refiero a que actualmente todas las leyes de la física que gobiernan nuestra vida diaria son totalmente conocidas. Y lo que nos enseña es que los seres vivos somos el producto de una compleja y coordinada danza de procesos químicos. Bajo ese punto de vista, la vida no tiene sentido ni propósito. Tales términos son una abstracción útil mediante la cual podemos planificar, reflexionar y aprender en la vida. En otras palabras, nuestra vida no tiene más propósito que aquel que nosotros mismos queramos darle. Lo cual pareciera decepcionante, pues estamos acostumbrados a la idea que el universo (o un dios) tiene un plan para cada uno de nosotros. Sin embargo, es una idea liberadora y la cúspide que marca la libertad y responsabilidad total del individuo sobre su propia vida.

      En lugar de preocuparme por no encontrar el propósito para el que fui concebido, sé que el artífice del propósito soy yo mismo. Me libera de la culpa y la frustación por no seguir el supuesto plan cósmico, del cuál no tenemos evidencia alguna.

      Así es que gracias al avance de la ciencia puedemos echar por la borda el bagaje dogmático de que la vida, y cada persona, tiene un propósito.

      Saludos,

      e.

  • Reply May 3, 2013

    alexpot

    Me gusto mucho, tu punto de vista Enrique Pazos disfrute leyenendo este articulo y concuerdo mucho con tu punto de vista (Y)

    • Reply May 4, 2013

      Enrique Pazos

      Gracias. Un saludo!

  • Reply February 26, 2015

    Jhonos

    Disfrute la lectura, y respeto tu punto de vista, y tienes razón la religión es legalista, yo he buscado un propósito por las religiones, desde el ser hippie, buscar palabras en el libro de Moroni (mormón), buscar a buda, y otras, todas te dicen has estas buenas obras primero y luego recibirás algo la vida eterna como lo que tu planteas, se bueno y te irás al cielo, también plantean que en el cielo todo será color de rosa.

    Creo que hay dos dias importantes en la vida, cuando naces, y el dia en que sabes porque naces (es decir cuando encuentras el propósito en tu vida).

    En cuanto a mi, te puedo contar que encontré a Cristo, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” Juan 3:16. Adicionalmente también dice “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:8-9, en el cielo cumplirás y llevarás a cabo el propósito por el cual naciste, viviste y moriste por el.

    Y he aprendido algo, que cuando haces las cosas por obligación tendrás un resultado, pero cuando las haces por amor tienen un significado y trascendencia, ahora vivo la vida cada día como si fuera el último, pero haciendo las cosas como si fuera el primero.

    Este tema me resulta apasionante porque vivir la vida sin un sentido es como que estuvieras muerto, tu vida tiene que tener un sentido, un propósito, un llamado.

    Como te comentaba al inicio, respeto tu punto de vista, espero respetes el mío, como diría Benito Juarez “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

    Tengo un 50% de probabilidad de pasar por lo que tu dices, yo vivo mi vida con Cristo en mi corazón por amor, y si has amado a un hijo, hija, o alguien comprenderás lo que digo, y llegará el día en que moriré, al morir no pasaría nada ya que no existe vida eterna como tu planteas.

    Tengo otro 50% de probabilidad de tener una vida eterna y seguir cumpliendo mi propósito en lo que se llama cielo, pero porque tengo un 50% porque no se puede demostrar ni una teoría ni la otra. ya que tendríamos que morir para poder saber cual creencia es la correcta. Pero si este fuera el caso, espero que hayas creído en Cristo, es más te invito a que lo conozcas, es realmente impresionante, es increíble.

    Con esto me despido, “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:33 claramente me dice que tendré aflicción, incluso que pueda ser perseguido, pero tengo una paz, que es la paz que solo el da.

    Si está interesado en conocer a Cristo, te lo puedo presentar, y como diría Gustavo Cerati “Saludos totales”.

  • Reply February 26, 2015

    Leonel

    De acuerdo en la metodología del artículo, aunque me parece que es tan dogmático afirmar que hay vida después de la muerte, como decir que no la hay. Hay alguna evidencia científica que permita afirmar que NO HAY VIDA después de la muerte? Pues eso, creo que es un terreno donde ambas posturas carecen de pruebas. Y la segunda, la de la negación, se aprovecha de la falta de evidencias de la primera para llegar a una conclusión igualmente infundada y dogmática…

    • Reply March 5, 2015

      Oscar G. Pineda

      1. Quien hace la afirmación positiva es quien tiene la carga de la prueba.
      2. Es imposible comprobar una afirmación negativa.
      3. Lo que la ciencia ha podido descubrir, es que no hay razón alguna para creer o pensar que la afirmación “existe vida después de la muerte” merezca ser considerada seriamente como una posibilidad real. Hay, además, bastantes evidencias de que es producto del miedo a la muerte.

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