¡Pa’ fuera!

A ver, a ver, levanten la mano los gays, lesbianas, bisexuales, trans y demás entes con sexualidades dizque alternativas.

Bueno, chic@s, recojan sus chunches y se me van yendo de nuestra finca, digo, país. Todos. Pa’ fuera. Son una ofensa a los más altos valores de nuestra muy cristiana y muy decente y muy tolerante sociedad. Aquí solo se vale misionero, en la cama y con la luz apagada. Nada de andar pervirtiendo a nuestros hijos con esas cosas tan shucas que hacen. Y, además, queriéndose casar. Habrase visto semejante aberración. Ya lo dice la Biblia muy clarito: el matrimonio es exclusivamente entre un hombre y una mujer. Además, ya lo dijo el mero jefe, aquí somos conservadores y ustedes están demás. Así que ahórrennos la molestia y, pacíficamente, en filita india si quieren, pero sin andarse manoseando, por favor, agarran camino para uno de esos países demoníacos y perversos donde pueden hacer sus cochinadas: Uruguay, Argentina, Canadá, Holanda, Islandia, Dinamarca, Francia… cualquiera de esos paisuchos pecaminosos.

Ahora, levanten la mano todos los indígenas. Sí, ustedes también: agarren sus cositas y pa’ fuera. Ya estuvo. Desde que pusimos las fincas de café, y antes aún, con la misma candeleta: sin querer ceder sus tierras, sin querer trabajar jornadas de 18 horas, sin querer hablar castellano, sin querer quitarse esos sus trajes tan chintos. Y encima exigiendo derechos, obstruyendo nuestra libre locomoción, bloqueando el acceso a nuestros recursos naturales, saboteando las generosas y bienaventuradas inversiones extranjeras. Y ahora exigiendo ser escuchados en las cortes; hablando de Justicia. Ja. Habrase visto semejante cosa, por amor de Dios. Así que de una vez: pa’ fuera. A alguno de esos países nórdicos que tanto los quieren. Y se van sin hacer mucho relajo que ya saben cómo les va si…

Bueno. Ya se va viendo mejor esto… Ahora, las féminas. Sí, todas (menos las abnegadas, cachurecas y de buena familia, claro está). ¿Saben qué? Es un problema andarlas cuidando, más cuando andan por la noche, y más aún cuando usan esas sus ropas que invitan a pecar. ¿Qué se creen? ¿Que uno es de madera o qué? Y ahora, encima, queriendo tener control de su cuerpo, de su sexualidad; queriendo decidir cuántos hijos tienen y, faltaba más, ¡cuándo los tienen! ¡Por favor! Ya lo dijo el jefe, somos un país conservador. Y habría que agregar machista. Éste, por si se les ha olvidado, fue, es y será un patriarcado. Así que pa’ fuera, también. A uno de esos países donde tienen, uyyy cómo no, de-re-chos.

Y ahora los ateos. Sí, ustedes: los mismísimos representantes del demonio en la Tierra. Sí, ustedes, que se la llevan de tan cool, de tan libres y superados, de tan seculares, pues. Con ese su discurso tan amoral que sólo pervierte a nuestras juventudes olvidándose de esa culpa tan nuestra. ¡Pa’ fuera! Váyanse a Holanda, Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia… a cualquiera de esos países apartados del camino del Señor donde solo vive gente depravada en la más absoluta barbarie. Pa’ fuera, pues…

Ahora levanten la mano todos los maestros de música. Si, lo sentimos, su vocación es prescindible. Además no hay pisto. Pero es su culpa, muchá. Por necios. Ustedes ya sabían cuánto nos importa la música y, aún así, dale que dale tocando sus babosadas esas. Ni modo. Ustedes se la buscaron. Así que pa’ fuera: vamos, vamos… Y ya que estamos en éstas pues hagámoslo bien: artistas, escritores, cineastas, músicos… en fin, todos esos románticos zarrapastrosos que no producen nada y se andan quejando todo el tiempo, fijándose sólo en los pequeños detalles que no muy funcionan, haciéndonos sentir mal por lo que somos. Así que hágannos la campaña: agarren sus chunches y se van también. Seguro la pegan en otro lado, ja, ja, ja… Suerte, pues.

Ahora todos los hippies izquierdosos (comunistas, socialistas, anarquistas, activistas de la memoria, neo-guerrilleros, vegetarianos, budistas, practicantes de yoga o t’ai chi, entusiastas del cine de autor, clientes del Buki y demás): ¿Ya se la veían venir, va? Pues sí, púyenle pues: pa’ fuera. Ahhhh, claro, ONGeros y demás vividores: pa’ fuera también. Y toda la sarta de intelectuales resentidos que se la pasan calentando las nalgas en la silla sin hacer nada por nuestro país. ¿Ya creían que nos habíamos olvidado de ustedes, no? Pues no: pa’ fuera, también. Y ahí se llevan sus sillas y laptops que ya saben que aquí están de más. Y ya que estamos en éstas, pues también los extranjeros: pa’ fuera, también (excepto, de más está decirlo, los inversionistas, CEOs o afiliados a la Marro, el Canal Antigua o Prensa Libre).

A ver, a ver… Ahora sí creo que ya solo estamos los que somos. Como debe de ser, ¿no? Los meros meros: los dueños, pues… Y a los que no les guste: o se callan o se van también pa’ fuera. Y agradezcan que ahora les damos la opción, porque hace 30 años…

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Christian

Christian Kroll Bryce. Tengo una maestría en estudios urbanos y estoy terminando el doctorado en estudios culturales y literatura latinoamericana para el que escribo sobre literatura, política e insurgencia. He sido arquitecto, promotor de arte, guitarrista de bandas fiesteras, profesor de español, skater y aficionado a los apagones. Detesto la prepotencia y le huyo a todo lo incondicional o absoluto. Para que el colapso del capitalismo no me agarre desprevenido, cocino mi propio pan y espero pronto aprender a hacer cerveza.

Publicada originalmente en Plaza Pública.

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