De «Francisco no juzga» y otros timos celestiales

I

En eras nocturnas, el hecho de que un vicario de Cristo abandonase en forma voluntaria la carga y el cargo petrinos promovía el adelanto de su candidatura hacia el tormento ultraterreno. Dante Alighieri lo tuvo muy claro: divisó en el Anteinfierno a aquel que incurrió en la vileza de hacer il gran rifiuto, es decir, el gran rechazo, la gran negación de su encomienda.

Los estudiosos del florentino han convenido en que se trata de Celestino V —Pietro da Marrone, para los amigos—, a quien el cónclave de Perusa eligió papa el 5 de julio de 1294 y quien renunció a su «ministerio» el 13 de diciembre del mismo año. Valga recordar que el Anteinfierno, expuesto en el canto tercero del «Infierno» de la Divina comedia, alberga a las almas de los pusilánimes, de los mezquinos y de los cobardes que vivieron «sin infamia y sin honor». Estaban condenados a huir, en su desnudez, de los moscardones y las avispas que los atormentaban sin descanso y les regaban el rostro con la sangre que, unida a sus lágrimas, alimentaba al estrato de gusanos que aquellos desgraciados tenían a sus pies.

Pero Dante era una hiena que aullaba en los sepulcros, según Nietzsche. Y, en el siglo en que vivimos, una renuncia pontificia ha sido motivo de algarabía, loas, ditirambos y homenajes en vida a la grandeza del renunciante. Como se sabe, Benedicto XVI, es decir, Joseph Ratzinger, dimitió de su puesto como jefe de Estado, renunció a ser obispo de Roma y abdicó de su monarquía absoluta sobre un territorio soberano: hizo las tres cosas a la vez. La reacción de sus prosélitos, después del desconcierto, fue de fanfarria: solo faltó que el ocurrente Berlusconi pusiera velinas y Sudáfrica vuvuzelas para alabar la deserción del representante del Altísimo.

Hasta hace unos meses, Benedicto XVI era básicamente una drag queen amargada y teóloga a quien aburrían los informes de corrupción curial que en su día inspiraron la escritura de El padrino. El pícaro asunto fue que su mayordomo cometió la iscariotada de filtrar documentos privados a la prensa (moraleja: nunca te fíes del mayordomo). Y en estas se apartó nuestro antiguo inquisidor a la soledad de un convento vacío, tal vez para llevar una vida de anacoreta, como si siguiese el ejemplo del envilecido y quinto Celestino. Las vueltas que da la vida, mire usted.

El retiro de Ratzinger fue melancólico y orante, y a vuelo de helicóptero. Es probable que los innobles Vatileaks y la subsecuente investigación confidencial hayan dejado al pontífice tan mareado como para querer releer la Guía de los perplejos, de Maimónides. Y es de especular que el contenido de aquel encargo investigativo fuese muy semejante a la visión que Plutarco atribuyó a Timarco de Queronea en el descenso de este a la mítica cueva de Trofonio. El relato describe penumbras espesas percibidas entre el sueño y la vigilia, músicas agradables, islas movedizas, luces tenues y cambiantes, cataratas de fuego, precipicios tenebrosos y muy hondos, alaridos de bestias, lamentos de mujeres y de hombres y llantos de niños.

Recién salido de la gruta de un dossier tan abrumador, tal vez haya sido incluso necesario administrarle a su santidad infusiones de tilo, a razón de tres tazas por día. Después de todo, se dice que los iniciados en cultos arcanos emergían de los antros en un estado de trance, del cual despertaban con un aturdimiento muy cercano a la locura. Si el decimosexto Benedicto se bañó hace poco en las aguas de estos misterios ya no tan misteriosos, que en la sede apostólica revelaron o no revelaron oráculos de redes de poder y tráfico de influencias y violaciones infantiles y estafas millonarias, entonces este buen hombre llegó a su iniciación personal con milenio y medio de retraso. Y, con su edad biológica y mental, ya no hay más que hacer que optar por el abandono de la nave.

No obstante, si yo fuera católico y viera al timonel de mi barco gritar de súbito «¡hombre al agua!», me vería en el deplorable ejercicio de declararme abandonado a mi suerte en medio de la mar hostil. Me sentiría como los pupilos del Amo del Calabozo si este los desamparase sin previo aviso y los dejase a merced del diabólico Venger, quien no se andaba con cuentos, o del dragón Tiamat, que tenía cinco cabezas. En fin, allá cada cual con sus tutelas.

Se conoce como aquelarres a las juntas secretas de mujeres que visten en forma llamativa para invocar la intervención de lo sobrenatural; por contraste, las reuniones herméticas de hombres ataviados también de manera extraña, con el mismo propósito, se conocen como cónclaves. ¡Qué curioso! Hablar de misoginia en el regazo de las grandes religiones es un quehacer digno de figurar en incunables, de modo que en esta entrada me abstendré de abordar un tema que ya merece bibliotecas. Vuelvo a lo que iba: el cónclave de marzo.

Bien mirado, el colegio cardenalicio es una sinarquía: todos los «príncipes de la Iglesia» gobiernan su propia provincia, que viene habilitada con un redil de feligreses. Sucede que, con alguna excepción, cada miembro de esta realeza habita en un período geológico muy distinto del actual: su edad promedio los aproxima, por ejemplo, al Holoceno. O incluso a un piso muy anterior; digamos, al Jurásico Tardío.

El último marzo nos trajo con sus idus una nueva tertulia purpurada. Bajo la gloria pictórica del sodomita Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, aquella logia de iguanodontes, pterodáctilos, tiranosaurios y otras especies afines, después de mucho negociar, nos sale con Barney. Es decir, con un personaje bonachón que sigue siendo dinosaurio.

El sucesor del alemán es un argentino, y no hablamos de un mundial de fútbol —aunque el nuevo representante de Dios en la Tierra sea hincha del San Lorenzo de Almagro—. El cónclave que lo eligió fue relativamente breve: el Espíritu Santo, procedente del Padre y del Hijo, no se decantó esta vez por un hijo de África o de Asia, sino por un hijo de inmigrantes italianos en la parte más europea de América Latina.

(Continuará)

Ramón Urzúa-Navas

Soberanía orgánica con alguna conciencia de sí misma. Habita Sobrevive de momento en Nueva York Chicago, Subsiste indefinidamente en Guatemala (y desempleado). en una de cuyas universidades persigue la obtención de un doctorado donde se plantea seriamente el abandono de la academia. Tiene claro que lo emborrachan la poética, la retórica, la gramática, la filología, la estética, la metafísica, la historiografía, las ciencias, las culturas, los vinos, usted y otros asuntos misteriosos. Ha sido corrector intransigente, catedrático inexperto, traductor plurilingüe, barman ocasional y a veces bohemio, para menor gloria de dios. Aspira a articular alguna coherencia posmoderna mientras cree en un planeta menos bestial. Todo lo demás carece de importancia.

4 Comments

  • Reply August 3, 2013

    Javier R.

    Una nota más tuya que vuelve a encantarme Ramón, me dejás ya con ganas de poder leer la segunda parte. Siempre me ha dado la curiosidad de saber como es que se llevan a cabo las tan secretas elecciones papales. Si algun lector posee una subscripción de Netflix, la serie Borgia da una luz a lo que podría suceder en dichas elecciones, cuando dramatiza la elección de Pablo VI.

    Personalmente no tiendo a ver al papado como una monarquía, si habría que ajustarse a los parámetros bíblicos, uno de los pilares sobre los cuales se basa dicha institución, mas bien estaríamos hablando (si se me permite el sarcasmo) de un principado “celestial”, ya que el rey de reyes es el falso cristo al que representan, pues estos son sólo príncipes y sacerdotes de acuerdo a la biblia; aún así, estos escualos han logrado sobrevivir hasta el día de hoy y han sido adorados como siempre, como bien lo describis en la conmoción causada con la renuncia de Ratzinger

    No se si las actitudes de cada de uno de ellos sea una agenda programada para crear cortinas de humo y hacer mas ignorante y estúpida a la plebe que los sigue, por ejemplo vemos a Juan Pablo II, adorado por todos, por que era lindo, amable, viajero y mil caretas que presentó a lo largo de su pontificado, que hasta sus milagretes le valieron el camino a la canonización; por otro lado, Benedicto XVI pasó a ser el refunfuñante vejete frio, poco amable y nada amiguero, renuncia (por misterios de la trinidad) y aparece Francisco, como conejo sacado del sombrero, y se presenta como el pan dulce, humilde, auto-despojandose de sus riquezas y resulta que hasta salió “tierno” con los gays y las madres solteras, y yo me pregunto ¿Que sucede aquí?. Queda especular si se trata de una agenda escondida, un circo de muy mal gusto, peor que el del Rey Gitano, o simplemente la naturaleza que parió a estos últimos tres engendros los parió (permitanme la expresión) por el culo mas bien para que sean tan despreciables.

    Si Dante se encontró a un par en el infierno, ojala y Mary Baxter se encuentre al resto la próxima vez que se rellene de cerdo en la cena y vaya a dormir.

  • Reply August 3, 2013

    Javier R.

    Una corrección a mi mensaje anterior. Me refería a Alejandro VI (Rodrigo Borgia) y no Pablo VI.

  • Reply August 7, 2013

    Ramón U-N

    Muchas gracias por tus comentarios, Javier. Contienen una ironía mordaz, que siempre refresca el intelecto.
    Lo que se oculta tras la puerta cerrada “con llave” (esto quiere decir “cónclave”) no se debe de alejar demasiado de lo que ocurre en cualquier situación y recinto donde hay luchas de poder: se trata de una casa de subastas. O mejor: se trata de un mercado de intereses, incluido el gallinero.

    Al menos en la época de los Borgia (la familia modelo de todas las mafiosas) las abyecciones se perpetraban a las claras: el descaro era abierto y meridiano, y los crímenes resplandecían por venir envueltos en conjuras abiertamente galantes y en sangres “aristocráticas”. Ahora parece que todo es más discreto y solapado, es decir, más hipócrita, lo cual no quiere decir que se sigan cometiendo delitos deplorables allí donde el Reino de los Cielos tiene su burocracia terrenal.

    Telones de bruma, escapismo de Houdini, pan y circo… Y todo para glorificar a un dios que, de existir, se debe de partir de risa cuando escucha las memeces que se dicen en su nombre. Al final va a resultar que dios es buena gente y lo que pasa es que ha tenido muy malos publicistas. Y nosotros, a seguir aguantando tanta gansada.

    Abrazos, y gracias por leerme.

    R.

  • Reply August 26, 2014

    Ángela

    En esta era de tiranosaurios, este artículo vale la pena leerlo y releerlo para aprender acerca de esa Iglesia, que más que la “casa de dios” es una “casa de meretrices hipócritas” maquilladas para no parecer tan putas. Pero lo peor no son precisamente esas meretrices, sino esa masa bovina, casi zombi que las sigue y las enaltece, ensalsa y adora como si de santas vírgenes se tratara.

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