El papa Francisco no es revolucionario; es un conservador hábil en retórica

El papa Francisco ha dado su primera conferencia de prensa en el avión que lo llevaba de Río de Janeiro a Roma, la noche del domingo 28 al lunes 29 de julio. Desde que ocupa la silla de Pedro, ofrece de su función una imagen distinta de la de Benedicto XVI. Su estilo es nuevo –lenguaje no magistral, sentido de la fórmula espontánea, simplificación del protocolo– y, sobre todo, manifiesta una proximidad más grande con «el pueblo, empezando por los más pobres y los más débiles», sin olvidar a los jóvenes en Río, que apreciaron el cambio de tono.

Todos reconocen que el sucesor de Pedro está operando un cambio importante dentro de la Iglesia católica. Además, el afecto popular lo llama ya «el buen papa Francisco», en referencia a Juan XXIII, que hizo soplar un viento de reforma con el Concilio Vaticano II (1962-1965).

Nuestro punto de vista defiende lo contrario de esta manera de pensar. No se espera ningún cambio de importancia sobre el plano estructural. El estilo nuevo y la puesta en escena remiten a un método de argumentación teológica muy antiguo, desarrollado particularmente por los jesuitas: la casuística.

Concebida como una forma de argumentación, la casuística es un arte retórico que enfrenta el caso particular y la jurisprudencia, por una parte, a un conjunto de principios generales, por otra. Los jesuitas se lo apropian en el siglo XVI para luchar contra la reforma protestante. Se ambiciona la conversión en masa a la «verdadera religión», adaptando, en la medida de lo posible, los principios originales… sin traicionar –demasiado– el espíritu.

Cuatro pilares o «4 p» constituyen la casuística jesuita: proximidad, pragmatismo, principio y… prestación. El papa Francisco, primer jesuita en ocupar la función papal, sabe echarlos a andar en nuestra sociedad por la vía de los medios.

La proximidad, para empezar. La casuística enseña que se debe ser empático y solidario con los casos particulares, con lo que parece pequeño, marginado, para subir a lo más general, hacia lo más central por detalles sucesivos. Francisco no hace otra cosa al simplificar el protocolo pontificio, vivir en una modesta residencia y hacerse accesible al pueblo.

Solidaridad incluso con lo que es abandonado, cuando lanza una corona de flores a las aguas de Lampedusa en memoria de los cientos de migrantes naufragados. Solidaridad con los más humildes, y truco de publicidad cuando no va al concierto de música clásica dado en el Vaticano en honor del año de la fe, el 23 de junio, y declara después: «No soy un príncipe del Renacimiento, que escucha música clásica en lugar de trabajar». Pide no solamente a los jóvenes, sino también a los… periodistas que lo ayuden en el sentido de «la empatía» y «colaboren para el bien de la sociedad».

Otro pilar, el pragmatismo. Orientarse hacia la acción concreta, actuar en el corazón de la gente poniendo en primer lugar la práctica antes que la teoría: el papa Francisco no hace otra cosa cuando reivindica su simplicidad y su interés permanente de ir a campo abierto a causar empujones, como en las Jornadas Mundiales de la Juventud. También pragmatismo cuando se sabe que, con más de 7 millones de seguidores en Twitter, el «papa coraje», «hombre del año» –según la edición italiana de Vanity Fair– desbanca al dalái lama, que hasta ahora había sido el jefe espiritual más popular en esa red social. Pragmatismo, en fin, cuando emprende la reforma del banco del Vaticano, estableciendo una investigación de campo y declarando, no sin cierto sentido de la fórmula: «No se dejen tentar por el dinero. San Pedro no tenía cuenta en el banco».

Tercer pilar, el recordatorio de los principios originales. ¿Matrimonio gay y aborto? Durante su conferencia de prensa, el papa ha respondido secamente: “Ya saben perfectamente la postura de la Iglesia». ¿El lugar de las mujeres? «La Iglesia es femenina», y ha subrayado la primacía de María en la institución. El papa no derogó lo que los padres de la Iglesia ya escribieron. ¿Ordenación de las mujeres? Respondió: «Lo ha dicho Juan Pablo II, pero con una formulación definitiva. Esa está cerrada, esa puerta». Bien, pero, dado que ninguna palabra del evangelio  prohíbe otorgar un lugar preeminente a las mujeres en la comunidad de los fieles, ¿por qué no abre esta puerta? Y ¿qué hay sobre la homosexualidad? Él considera, con referencia explícita al Catecismo de la Iglesia católica (1992), redactado por sus dos predecesores, que «no se debe marginar a estas personas por eso, deben ser integradas en la sociedad». Sin embargo, omite subrayar que ese mismo libro declara que los actos homosexuales se presentan como «depravaciones graves», «objetivamente desordenados», «contrarios a la ley natural». Y si los homosexuales deben «ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza», «no pueden recibir aprobación en ningún caso». (§ 2357, § 2358).

A priori, el actual papa no estaría haciendo más que inscribirse en la continuidad de Juan Pablo II y Benedicto XVI, perpetuando los principios tradicionales de la moral cristiana. A posteriori, dos indicios podrían significar cierto regreso al conservadurismo moral pre-Vaticano II.

Primer indicio: durante sus homilías, Francisco les recuerda regularmente a los creyentes la importancia de la lucha contra «el diablo». Regresamos cincuenta años. Segundo indicio: su acometida contra el lobby gay. Tras este ataque contra el poder de influencia de los gais, se encuentra «el» modelo de lobby para el imaginario católico: la masonería. Ahora bien, Francisco, al cabo de cuatro meses de pontificado, pone a esta sociedad secreta en el gusto del día, mientras que ni el derecho canónico de 1983 ni el Catecismo de la Iglesia católica de 1992 la mencionan. ¿Tendrá el sucesor de Pedro algún problema para disfrazar su nostalgia por un orden moral desaparecido en las sociedades europeas, pero no en Latinoamérica?

La pregunta se impone, de conformidad con el último pilar de la casuística, por encima de la apariencia de prestante de su comunicación. Como buen casuista, ¿no llega a convertir a observadores y fieles a su visión de la Iglesia, que son cada vez más entusiastas? De nuestra parte, para pronunciarnos, esperaremos a que se echen a andar las reformas.

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*Artículo publicado originalmente en Le Monde, el 02/08/2013 por Olivier Bobineu y traducido por Ramón Urzúa-Navas. El blog «Guatemala Secular» reconoce todos los derechos de este artículo a su autor y a Le Monde. Su reproducción y traducción en este espacio se dan exclusivamente como forma de divulgación de conocimiento y sin fin alguno de lucro.

Ramón Urzúa-Navas

Soberanía orgánica con alguna conciencia de sí misma. Habita Sobrevive de momento en Nueva York Chicago, Subsiste indefinidamente en Guatemala (y desempleado). en una de cuyas universidades persigue la obtención de un doctorado donde se plantea seriamente el abandono de la academia. Tiene claro que lo emborrachan la poética, la retórica, la gramática, la filología, la estética, la metafísica, la historiografía, las ciencias, las culturas, los vinos, usted y otros asuntos misteriosos. Ha sido corrector intransigente, catedrático inexperto, traductor plurilingüe, barman ocasional y a veces bohemio, para menor gloria de dios. Aspira a articular alguna coherencia posmoderna mientras cree en un planeta menos bestial. Todo lo demás carece de importancia.

8 Comments

  • Reply January 26, 2014

    Cristian

    ¿Retórico el Papa o el artículo? Mmmm parecer ser ahora que ser solidario, simpático, humilde y desestructurado es algo que perjudica al progreso de la Humanidad. Mientras más leo vuestros artículos más siento que el mundo secular sería un mundo lleno de odio y desaprobación…
    La idea de desaprobar y critiacar a alguien sólo por lo que piensa, siente o cree … nunca puede ser algo bueno.
    Si la Iglesia enseña que la homosexualidad es reprobada por su Dios y a la vez enseña que los homosexuales son igual que cualquier creyente y que no corresponde ningún trato distinto que el que se le da a cualquier cristiano ¿Quiénes somos nosotros para exigirle a la Iglesia (a sus integrantes) que cambien de opinión? ¿Porqué deberían cambiar? Cada quien elige en lo que quiere creer y eso está bien mientras no moleste a los demás
    El artículo lo único que dice es: “Si el Papa hace cosas buenas es porque algo malo está tramando, por ejemplo no cambiará su forma de pensar sobre X, Y, Z etc…” ¡pero dejen que la Iglesia crea en lo que quiera! son pensamientos…
    Demasiado odio veo en ese mundo secular.

    • Reply January 31, 2014

      Oscar G. Pineda

      Hola, Cristian. Lamento que no haya comprendido el punto del artículo que reprodujimos aquí, ya que jamás sugiere que “solidario, simpático, humilde y desestructurado es algo que perjudica al progreso de la Humanidad.” Lo que sí sugiere, es que esta solidaridad, simpatía, humildad y aparente apertura del nuevo papa, no es más que del diente al labio. Se dice una cosa en público, pero se sigue manteniendo la misma mentalidad retrógrada. Estoy de acuerdo en que todo mundo crea lo que quiera mientras no moleste a los demás; el problema es que lo que piense el papa o la Iglesia molesta a los demás, porque tiene mucha influencia en la sociedad.

      • Reply February 18, 2014

        cristian

        Le agradezco mucho su comentario, es muy probable que no haya podido entender cabalmente el mensaje del artículo, pero para ser sincero le diré que con su última aclaración parece reforzar lo que yo pienso. De acuerdo a sus palabras en el artículo “se critica al papa por mantener su mentalidad”. Yo me pregunto: ¿qué derecho tenemos a exigir que cambie esa mentalidad? Sabemos bien que ninguno y, por lo tanto, la intolerancia es lo único que nos puede llevar a pensar lo contrario.
        Ud. destaca dos cosas como si ellas nos dieran derecho exigir cambios en el pensar de otra persona, que son lo retrógrado y la influencia mundial.
        Pero ¿lo retrógrado es en sí malo? Yo creo que le resultará malo sólo a quienes piensen distinto y no toleren que otros sigan pensando lo mismo que antaño se pensaba. Esto no es tecnología sino ideas, y que sean viejas no significa que sean malas aunque no nos gusten, criticarlas porque son viejas es un avasallamiento a la libertad. (Tanto las ideas viejas como las nuevas pueden usarse para fines malos, pero esto es otra cosa, lo que debe primar sobre toda idea es el derecho a la libertad).
        Y ¿A quién efectivamente molesta la influencia del Papa? Yo creo que molesta sólo a los no católicos porque les incomoda que una institución tan grande y poderosa tenga una mentalidad distinta. Como cuando gobierna en el país el partido que no es del agrado de uno, pero que les agrade a otros no significa que esa influencia sea mala ni mucho menos que alguien tenga el derecho a exigirle que cambie. Tener influencia no es algo malo, aunque pueda ser malo el uso que se de a ella.
        Desde mi humilde punto de vista, se le puede criticar a cualquiera cualquier idea por cualquier motivo razonable y fundado, lo que no se puede hacer es criticar a alguien por ser conservador dando como único fundamento que el mero mantener una mentalidad conservadora, porque ser conservador no es nada malo en sí. La influencia que pueda tener ese conservadurismo nos puede molestar sólo si no toleramos sus ideas. En sí que algo sea retrógrado o antiguo, por más influyente que sea, no nos da derecho a requerir su abrogación, en mi opinión.
        Si el Papa dice “sigo afirmando que la homosexualidad es reprobada por Dios, y sólo Él tiene derecho a tomar medidas al respecto” Sólo un intolerante puede exigirle que cambie de parecer, y sólo la ceguera provocada por su odio lo puede llevar a publicar un artículo que tienda a convencer a terceros de esto, según mi entender. Si el Papa habla de otro mundo ¿porqué no dejarlo que se exprese como antaño y que influya a quienes hogaño creen en ese mundo quizá inexistente?
        Por otro lado ud. desliza un tercer motivo que nos daría derecho a criticar la actual mentalidad de la Iglesia, y es que el Papa “dice una cosa pero hace otra pues sigue manteniendo la misma mentalidad”. Pero ¿esto es así? Yo entiendo que no porque el mismo artículo hace referencia a ello, allí está escrito que Francisco ha dicho “Ya saben la postura de la Iglesia”; si el Papa dijo esto, entonces ¿dónde está su mendacidad? Por lo poco que entiendo el Papa buscaría una Iglesia más cercana al hombre común con un diálogo más fluido y natural, tendería a borrar las formalidades que distancian al párroco local de los habitantes de tal localidad, también trataría de “limpiar” la imagen de la Iglesia tomando alguna medida respecto de cuestiones tales como la corrupción en el manejo del Banco Vaticano o encubrimientos de sacerdotes pedófilos, etc… Habría entonces una limpieza y acercamiento pero siempre con el mismo mensaje, no un cambio de mensaje…
        Si el Papa Francisco dijo que “quiere santos de jeans y zapatillas” y que “hagan lío” es porque la revolución va por ese lado, un cambio de actitud y no un cambio de las ideas básicas del Catolicismo. El mensaje es tan claro y sencillo que si ustedes entienden lo contrario es porque lo odian, si les molesta la influencia del Papa es porque odian su forma de pensar, lo vuestro es un claro ejemplo de intolerancia y un atropello a la libertad de ideas… por lo menos esa impresión me dan a mí.
        En conclusión: criticar a alguien por retrógrado no es legítimo, criticarlo por influyente tampoco, además decir que el Papa pretende revoluciones ideológicas o filosóficas es simplemente una mentira

      • Reply February 18, 2014

        cristian

        Le agradezco mucho su comentario, es muy probable que no haya podido entender cabalmente el mensaje del artículo, pero para ser sincero le diré que con su última aclaración parece reforzar lo que yo pienso. De acuerdo a sus palabras en el artículo “se critica al papa por mantener su mentalidad”. Yo me pregunto: ¿qué derecho tenemos a exigir que cambie esa mentalidad? Sabemos bien que ninguno y, por lo tanto, la intolerancia es lo único que nos puede llevar a pensar lo contrario.
        Ud. destaca dos cosas como si ellas nos dieran derecho exigir cambios en el pensar de otra persona, que son lo retrógrado y la influencia mundial.
        Pero ¿lo retrógrado es en sí malo? Yo creo que le resultará malo sólo a quienes piensen distinto y no toleren que otros sigan pensando lo mismo que antaño se pensaba. Esto no es tecnología sino ideas, y que sean viejas no significa que sean malas aunque no nos gusten, criticarlas porque son viejas es un avasallamiento a la libertad. (Tanto las ideas viejas como las nuevas pueden usarse para fines malos, pero esto es otra cosa, lo que debe primar sobre toda idea es el derecho a la libertad).
        Y ¿A quién efectivamente molesta la influencia del Papa? Yo creo que molesta sólo a los no católicos porque les incomoda que una institución tan grande y poderosa tenga una mentalidad distinta. Como cuando gobierna en el país el partido que no es del agrado de uno, pero que les agrade a otros no significa que esa influencia sea mala ni mucho menos que alguien tenga el derecho a exigirle que cambie. Tener influencia no es algo malo, aunque pueda ser malo el uso que se de a ella.
        Desde mi humilde punto de vista, se le puede criticar a cualquiera cualquier idea por cualquier motivo razonable y fundado, lo que no se puede hacer es criticar a alguien por ser conservador dando como único fundamento que el mero mantener una mentalidad conservadora, porque ser conservador no es nada malo en sí. La influencia que pueda tener ese conservadurismo nos puede molestar sólo si no toleramos sus ideas. En sí que algo sea retrógrado o antiguo, por más influyente que sea, no nos da derecho a requerir su abrogación, en mi opinión.
        Si el Papa dice “sigo afirmando que la homosexualidad es reprobada por Dios, y sólo Él tiene derecho a tomar medidas al respecto” Sólo un intolerante puede exigirle que cambie de parecer, y sólo la ceguera provocada por su odio lo puede llevar a publicar un artículo que tienda a convencer a terceros de esto, según mi entender. Si el Papa habla de otro mundo ¿porqué no dejarlo que se exprese como antaño y que influya a quienes hogaño creen en ese mundo quizá inexistente?
        Por otro lado ud. desliza un tercer motivo que nos daría derecho a criticar la actual mentalidad de la Iglesia, y es que el Papa “dice una cosa pero hace otra pues sigue manteniendo la misma mentalidad”. Pero ¿esto es así? Yo entiendo que no porque el mismo artículo hace referencia a ello, allí está escrito que Francisco ha dicho “Ya saben la postura de la Iglesia”; si el Papa dijo esto, entonces ¿dónde está su mendacidad? Por lo poco que entiendo el Papa buscaría una Iglesia más cercana al hombre común con un diálogo más fluido y natural, tendería a borrar las formalidades que distancian al párroco local de los habitantes de tal localidad, también trataría de “limpiar” la imagen de la Iglesia tomando alguna medida respecto de cuestiones tales como la corrupción en el manejo del Banco Vaticano o encubrimientos de sacerdotes pedófilos, etc… Habría entonces una limpieza y acercamiento pero siempre con el mismo mensaje, no un cambio de mensaje…
        Si el Papa Francisco dijo que “quiere santos de jeans y zapatillas” y que “hagan lío” es porque la revolución va por ese lado, un cambio de actitud y no un cambio de las ideas básicas del Catolicismo. El mensaje es tan claro y sencillo que si ustedes entienden lo contrario es porque lo odian, si les molesta la influencia del Papa es porque odian su forma de pensar, lo vuestro es un claro ejemplo de intolerancia y un atropello a la libertad de ideas… por lo menos esa impresión me dan a mí.
        En conclusión: criticar a alguien por retrógrado no es legítimo, criticarlo por influyente tampoco, además decir que el Papa pretende revoluciones ideológicas o filosóficas es simplemente una mentira.

  • Reply January 29, 2014

    Fernando

    Me parece que tu percepción de odio por parte de este blog está principalmente guiada por la oposición de los artículos a los dogmas religiosos. Típica costumbre de un creyente pensar que si no se cree en lo que ellos creen entonces es un acto de odio.
    Cada quien es libre de pensar lo que quiera, nadie le impide a los católicos a pensar que ser homosexual es una depravación, alguien bien podría creer en elefantes rosados voladores sin ninguna oposición, estaría practicando la libertad de pensamiento. Lo criticable es que por religión se les prive de derechos a miles de personas ajenas a todas estas creencias.

    • Reply January 29, 2014

      cristian

      No importa si yo creo en elefantes rosas o no… olvidémonos de nuestras diferencias y evitemos encajonarnos en categorías generales que poco aportan para facilitar el diálogo… ¿no buscáis un diálogo razonable y tolerante?… No importa si creo en Cristo, en Buda o en Karl Marx… Cualquier persona que se ponga a criticar sistemáticamente a cualquiera de ellos por no cambiar de opinión, es un intolerante y su base parte del odio a lo que critica, sea mucho o sea poco, la aversión se vuelve evidente…
      Ud. dijo que yo soy creyente, y dijo que el odio que percibo es por los dogmas religiosos… pero ud. me prejuzga sin fundamentos, no sé porqué, lo que sí sé es que ni siquiera sabe si soy creyente.
      La cuestión es mucho más sencilla señor. La crítica del artículo es por “ser conservador”, es por seguir pensando lo que siempre pensó… la crítica es intolerante. No importa si creen o no creen lo mismo que yo, el odio se ve en la desaprobación sistematizada, no es necesario conocer los dogmas del catolicismo ni siquiera ser creyente para notar esto… basta con leerlo objetivamente.
      Ahora ud. agrega algo que no está en el artículo (aunque se lo puede considerar implícito) “la privación de derechos a personas que no creen lo mismo que el Papa”… Bien, esto me parece mucho más interesante y le propongo algo: Si le parece que podemos tener una conversación adulta, razonable, sin prejuicios y sin que importe lo que creemos o no, me gustaría mucho que me dijera cuáles son esos derechos que la Iglesia Católica priva a los no creyentes. Le envío por adelantado mi agradecimiento.

  • Reply February 3, 2014

    Fernando

    Le pido disculpas si en mi comentario lo etiqueté como creyente. Sin embargo es una práctica que veo muy común en la gente religiosa, la dogmatización de sus ideas hace que estas no estén abiertas al debate, a la crítica, ven estas prácticas como un acto de odio o herejía. Un acto de odio para mi sería caer en ataques personales al papa o directamente a algún religioso, acá se atacan ideas y posturas nunca a personas.
    Ahora con lo de que las religiones privan de derechos a muchas personas sucede de forma indirecta, la homofobia hoy en día esta sujeta casi exclusivamente a lo que un libro de la edad de bronce dice sobre este tema, que indirectamente influye en el actuar de líderes políticos privando así de derechos a determinado sector de la sociedad. Otro ejemplo claro es el machismo histórico que la iglesia ha tenido, influyendo otra vez en la discriminación de mujeres en muchas partes del mundo.
    El papa actual sugiere un cambio de imágen por medio de la retórica expuesta en el artículo pero sin mayor cambio en esencia de lo que ha venido siendo la iglesia en los últimos tiempos.

  • Reply February 18, 2014

    cristian

    Fernando: Aclarado que fuera que no importa lo que creamos o dejemos de creer le respondo que ud. habla de machismo y homofobia indirectos… pero no aún sigo sin ver los derechos que el Papa Francisco buscaría veladamente (o indirectamente o a través de su influencia, como ud. le quiera decir) privar a personas que no profesan la religión católica. Sinceramente creo que hablar de generalidades o de formas indirectas es un medio de forzar la realidad para mostrarla distinta de lo que objetivamente es. Si ud. pudiera darme ejemplos concretos de esos derechos que Francisco estaría privando a los gays o a las mujeres no católicos creo que la charla sería más sensata y menos estólida.

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