Deidades y Moral

“Tus creencias no te hacen una mejor persona, tu comportamiento sí.”

¿Es necesaria la religión —o siendo más generales, el teísmo— para mantener una sociedad que sea moralmente ordenada, armónica y próspera? En un mundo dominado por supersticiones, religiones, alucinaciones y dogmatismos, a mi parecer es un pregunta muy válida y meritoria de análisis.

Muchos escépticos cuestionamos la axiomática noción de que una escala de valores derivada de una práctica sistematizada de rituales —religión— es necesaria para el exitoso y equilibrado sostenimiento de un orden social. ¿Se perdería esa “fraternal” —se vale ser optimista— convivencia entre seres humanos sin una guía divina? Muchos afirman —y han afirmado a lo largo de la historia— que sin “la luz del señor” los seres humanos nos perderíamos en los vicios, en la vida mundana, y terminaríamos transformados en bestias insaciables cuya superviviencia y felicidad se basaría exclusivamente en la destrucción y explotación de los demás —como si no fuera esa la realidad actual—. La humanidad se autodestruiría en segundos sin la noble, celestial y sabia guía de Jesús, Alah, Budha, Yawheh, Krishna, Mitra, Ra, Thor, Zeus, Júpiter, Vishnu, etc. etc. ya que perderíamos el rumbo de nuestras vidas, y jamás podríamos encontrar nuestro propósito en la Tierra, nuestra razón de exisitir —como si saber lo anterior fuera relevante—. En mi opinión no es necesaria la referencia a una deidad para formar un código ético y moral funcional, formado de una escala de valores que fomente la prosperidad, paz y felicidad de toda la humanidad.

No quiero generalizar y aseverar que para todos es el caso, pero me permito aclarar que soy una persona más feliz desde que me reconozco abiertamente ateo/agnósitco. Mi vida ha mejorado considerablemente en virtud de que ahora no me dejo distraer por supersticiones para plantearme objetivos, planes de trabajo y ejecutarlos para realizarme como persona. Previo a continuar la discusión, es conveniente definir la moral, ya que cualquier desacierto semántico puede llevar a no entender con precisión la idea que se expone. Personalmente defino la moral como un conjunto de valores derivados del entorno que permiten discernir entre lo “bueno” y lo “malo”. Obviamente lo bueno y lo malo son también conceptos que varían de acuerdo al tiempo y al espacio, incluso de un individuo a otro. Pero es ahí donde supuestamente tiene cabida la religión. ¿Necesitamos de un ordenamiento religioso para que nos ayude a diferenciar lo bueno de lo malo, o es mejor utilizar nuestro sentido común y conocimientos científicos para determinar si una acción es buena (sostenible) o mala (insostenible)? Con toda certeza puedo afirmar que entenderemos mejor nuestra realidad y nos relacionaremos mejor con los demás si utilizamos la ciencia y no la religión como herramienta de interpretación de nuestras percepciones.

Seguramente no soy el primer ateo que lo piensa o que lo expresa, pero la idea de que las personas agradezcan a dios por cada acontecimiento positivo que sucede en sus “bendecidas” vidas, me parece sumamente arrogante por la razón siguiente: ¿es coherente asumir que para dios es más importante hacer que alguien gane un examen, consiga un trabajo, se gradúe de la universidad, haga un buen negocio o se gane la lotería, que prevenir la muerte de 35,000 personas diarias a causa de enfermedades perfectamente tratables pero que se complican por no tener acceso a medicamentos básicos? ¿Es justo asumir que para dios es prioritario procurar que yo —el especial— haya logrado comprar mi carro último modelo que facilitarle agua potable a un niño desnutrido de una comunidad marginal? ¿Es razonable asumir que dios nos bendice a nosotros por sobre otras personas ya que somos especiales para él, que nuestras banalidades llaman más su atención que situaciones de vida o muerte? El “humilde” acto de dar gracias a dios no sólo me parece injusto, sino estúpido, cruel e inconsciente. ¿Y por qué no? Insultante e inhumano. Llama especialmente mi atención que para los teístas todo éxito es obra del todopoderoso, pero todo fracaso es única y exclusivamente responsabilidad del imperfecto ser humano. Por lo anterior, vuelvo a plantear las preguntas:

¿Es necesario creer un una deidad para ser una persona moralmente correcta? ¿Qué tan influyente es el concepto de “dios” en la formación de una persona productiva, íntegra y respetuosa del orden natural? ¿Un ateo no puede ser una buena persona?

Preguntas complicadas que únicamente pueden ser respondidas de forma pragmática, objetiva y mediante el conocimiento empírico que se obtiene de observar a sociedades cuyo código moral no se basa en preceptos religiosos, teístas o supersticiosos. Los países que según diversas fuentes estadísticas poseen un alto índice de ateísmo/no afiliación religiosa son los países Nórdicos. Su código moral, legal y social no se basa en principios místicos, sino en valores pragmáticos y humanistas -no son necesariamente contradictorios- que objetivamente contribuyen a la formación de una sociedad funcional, próspera y feliz. El secularismo en estos países es predominante en todos los aspectos de la vida de los ciudadanos, y la iglesia oficial -estatal- juega un papel más tradicional que espiritual. Entonces… ¿es necesaria la moral teísta para conservar el orden y la paz en una sociedad? Por supuesto que no. La prosperidad, paz, orden, libertad, tranquilidad, armonía, fraternidad, igualdad, bienestar y felicidad alcanzada por los países más ateos del mundo no tiene comparación, como lo muestran los datos siguientes:

Desarrollo humano – Noruega (1º), Suecia (10º), Islandia (14º), Dinamarca (16º).

Libertad económica – Dinamarca (6º), Finlandia, Islandia y Suecia (11º), Noruega (27º).

Libertad de prensa – Finlandia y Noruega (1º), Islandia (6º), Dinamarca (10º), Suecia (12º).

Más democracia – Finlandia (1º), Suecia (2º), Dinamarca (3º), Noruega (5º).

Menos corrupción – Dinamarca y Finlandia (2º), Suecia (4º), Noruega (6º), Islandia (13º).

GDP Per Cápita – Noruega (4º), Suecia (13º), Islandia (16º), Dinamarca (20º), Finlandia (21º).

Paz – Islandia (1º), Dinamarca (2º), Finlandia (9º), Suecia (14º), Noruega (18º).

Mortalidad infantil – Islandia (2º), Suecia (4º), Finlandia (5º), Noruega (6º), Dinamarca (17º).

Para más estadísticas y verificar fuentes de las mismas acceder al anexo de esta entrada.

Las cifras son contundentes y hablan por sí mismas. Toda la evidencia científica y estadística concluye categóricamente que los lineamientos morales de una sociedad no tienen que —ni deben— regirse por preceptos religiosos para que la sociedad no caiga en la perdición. La noción que nos tratan de vender los religiosos, los políticos y uno que otro sociólogo de que las personas tenemos que “acercarnos a dios” o “conocer a cristo” para erradicar la violencia, la corrupción, la guerra, la pobreza, el odio, la envidia, el resentimiento, etc. es totalmente falsa.

Es más, la evidencia demuestra todo lo contrario. Las sociedades altamente religiosas (como latinoamericanas, las del medio oriente y África) padecen de un alto grado de atraso social, económico y político. Experimentan altos niveles de violencia ––algunos casos en nombre del “creador”— estrés social, pobreza, opresión y un bajo avance científico, tecnológico y técnico. Obviamente son numerosos los factores que inciden en la formación de la idiosincrasia de una sociedad tales como la historia, organización económica, cultura, corrientes políticas, códigos de género, avance artístico, condiciones geográficas, el clima, estructuras familiares, etc., pero si algo tienen en común países desarrollados es el secularismo, y si algo tienen en común países atrasados es la religiosidad. Es cierto que la correlación no implica causalidad, y tampoco se quiere caer en una falacia cum hoc ergo propter hoc, pero los datos son sólidos. ¿Será una mera casualidad? Pues será una cuestión que antropólogos y sociólogos tendrán que estudiar a fondo para determinar por qué se da este fenómeno.

En conclusión, vivir en paz y armonía con los demás y la naturaleza es una convicción personal, nace del nivel de consciencia y educación que tiene cada individuo. Esta consciencia se desarrolla mediante la constante búsqueda de la verdad en los sitios donde realmente se puede encontrar -la ciencia- y no en fantasías teísticas que más bien se desarrollaron a lo largo de los tiempos con el fin de ser utilizadas como herramientas de control social, y no como un mecanismo de averiguación de la verdad mediante el correcto entendimiento del cosmos.

“La moral es la regla de las costumbres. Y las costumbres son los hábitos. La moral es, pues, la regla de los hábitos.”— Anatole France (1844-1924) Escritor francés.

Giancarlo Melini

Futurista. Escéptico, esporádicamente cínico. Expreso en forma libre lo que considero viciado del paradigma sociocultural que obstaculiza el desarrollo para todos. La espiritualidad es un estado de armonía con los demás y con nuestro entorno, siendo innecesaria cualquier doctrina dogmática que prometa la felicidad. Considero que las soluciones a los problemas se deben pensar utilizando una escala de valores totalmente distinta a la que usamos cuando los creamos. La secularización y la sostenibilidad económica deberían ser un objetivo global. El pensamiento crítico y la apertura mental son mi tarjeta de presentación.

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