El patriotismo como herramienta de control social

“Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad.” — Arthur Schopenhauer.

En todo país del mundo, desde muy pequeños, se inculca a los ciudadanos —consciente e inconscientemente— el amor a la patria, se obliga a memorizar himnos nacionales, símbolos patrios, costumbres autóctonas y en general, se hace pensar que es un orgullo pertenecer a una nación, servirla, sacrificarse por ella y cuidarla. El patriotismo/nacionalismo es una sensación —e ideología— tan arraigada en la mayoría de individuos que son muy pocos los que se aventuran a cuestionar su origen. Siendo escéptico, me inclino a pensar que no es más que una herramienta de control social utilizada para separar a las personas, haciéndolas creer que son diferentes, únicas, especiales, o en el peor de los casos superiores, simplemente por haber nacido casualmente en un pedazo de tierra que tiene diferente ubicación geográfica.

El concepto de país, nación o patria ha variado considerablemente a lo largo del tiempo y del espacio. En la prehistoria, éste simplemente no existía, ya que por la naturaleza nómada de la organización social y la inestabilidad de los sistemas de producción —recolección y caza—, no se necesitaba un pedazo de tierra al que nuestros neolíticos ancestros pudieran llamar “hogar”, “patria” o “nación”. Asimismo, el concepto de propiedad tampoco estaba muy desarrollado, estando éste íntimamente relacionado con el de nacionalidad. En tiempos de las cavernas, los humanos simplemente no tenían la vital necesidad de apropiarse —restringir el acceso a terceros— de bienes materiales que les garantizaran el sustento económico, ya que vivían en relativa abundancia; bastaba combinar el trabajo con el entorno por unas cuantas horas para abastecerse de alimento por días o semanas. Fue con la invención —o descubrimiento— de la agricultura que se dio un drástico cambio de paradigma: la sofisticación de los medios de producción. La revolución neolítica cambió por completo al ser humano y la forma en la que se relacionaba con los demás y con su entorno. La tierra ahora podía manipularse, trabajarse, cultivarse para producir alimentos, criar animales —en vez de cazarlos— y construir viviendas y templos. Esta variación del sistema socio-económico causó que los conceptos de país y propiedad comenzaran —aparejados— a desarrollarse y popularizarse, hasta al punto de que la nacionalidad y la propiedad se han convertido en un “derecho humano” según la legislación y teoría legal actual.

Junto con el sedentarismo y la consolidación de la propiedad como institución jurídico-económica, se empezaron a dar las primeras organizaciones sociales “civilizadas”: la polis, la ciudad. Estas aglomeraciones urbanas, por ser el lugar de interrelación, trabajo y culturización entre las personas, fueron objeto de una especie de “veneración” por parte de sus habitantes. Paralelamente a las ciudades, se dio también la figura del Estado —gobierno o autoridad— cuya función teleológica en un inicio era establecer lineamientos mínimos —o excesivos— de convivencia entre las personas.

“El patriotismo es la virtud de los depravados.” – Oscar Wilde.

Las primeras grandes ciudades registradas históricamente se situaban en la Antigua Mesopotamia (hoy Irak), y el concepto de país se enmarcaba a los límites territoriales de la urbe. Ciudades como la famosa Babilonia exacerbaban el sentimiento de patria únicamente sobre las personas que nacían, crecían o habitaban dentro de sus murallas. Posteriormente, en la antigua Roma, la patria o nación no sólo era la ciudad, sino también las provincias que formaban parte del sacro imperio. Es por ello que en Roma existía el Ius Civile para ciudadanos romanos y el Ius Gentium para los extranjeros, esto como mecanismo de segregación poblacional y cultivo de patriotismo. En la edad media fueron los reinos, ducados, feudos, etc. En la edad moderna los burgos y las primeras ciudades-Estado (algunas todavía subsisten) fueron las que acapararon el sentimiento de amor y pertenencia de sus habitantes.

En la actualidad, la nación evolucionó al concepto de país. Pero, ¿exactamente qué es esta construcción abstracta y artificial que hemos ideado los humanos para dividir territorial, política, económica, cultural y socialmente nuestro planeta? Incluso el diccionario de la RAE es ambiguo e incapaz de proporcionar una definición concisa, indicando que país es “Nación, región, provincia o territorio”. Estúpidamente, la RAE define nación como “Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno; territorio de ese país”. (Nótense las negritas) ¡Vaya que se entiende claramente qué es un país o una nación! Estas definiciones circulares y tautológicamente falaces no tienen ningún fin útil para el análisis que se pretende realizar en la presente entrada, por lo que se hace pertinente evaluar otras fuentes.

“Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él.” – George Bernard Shaw.

Personalmente, considero que se puede encontrar un concepto más claro de lo que es un país al examinar la definición jurídica de lo que es el Estado: conjunto de personas asentadas en un territorio delimitado que se rigen bajo un ordenamiento jurídico común, emanado de un órgano que ostenta el poder público —gobierno— cuyo fin último es buscar el bien común. Esto es entonces un país: habitantes que comparten una ubicación geográfica, se rigen bajo las mismas leyes, y adoptan ciertas tradiciones, costumbres y valores comunes. Resumiendo, el canceroso patriotismo/nacionalismo no es más que adorar un pedazo de tierra porque se cree que de él se genera la fraternidad entre las personas, y creerlo especial por el simple hecho de haber nacido ahí.

Se comprende el hecho de que haya cierto aprecio, cariño o buenos recuerdos del lugar de crianza, pero de eso a morir por él hay una gran diferencia ¿Exactamente qué es lo que se está defendiendo tan fervientemente al morir por la patria? ¿Serán valores, costumbres o tradiciones? Pero éstos no dependen de la nacionalidad para ser adoptados, sino de la consciencia y educación de la gente. ¿Serán los habitantes? Pero los habitantes pueden vivir igualmente en otra locación geográfica, ya que no están inherentemente atados a una región. ¿Serán los bienes materiales o recursos naturales? Puede ser, aunque morir por objetos físicos no es muy honorable. En mi opinión no es nada. Realmente no se pelea por nada al defender a la patria.

Es por eso que esta construcción artificial que hemos creado: el “país” o “nación”, me parece contraproducente para que el ser humano asimile el hecho que es interdependiente, de que somos un solo planeta. Esta ficción es utilizada por los que ostentan el poder para manipular la consciencia de la gente y asegurarse así también el control de recursos estratégicos. Debemos alejarnos de todo aquello que genere segregación, y entender que —parafraseando a Carl Sagan— la Tierra es un sólo organismo, y un organsimo en guerra consigo mismo está condenado a la perdición.

¿Y cómo se puede controlar a la población con el patriotismo? Fácilmente. Un ejemplo claro fueron los ataques del 11 de septiembre en EEUU, evento que fue clave para lograr un enlistamiento masivo de personas que voluntariamente se unieron a las filas del ejército norteamericano para defender a su “amada patria”, atacada por despiadados, inescrupulosos y envidiosos terroristas. Otro ejemplo fue el Nacional Socialismo (Nazismo), que llamaba a los alemanes a servir a una nación que supuestamente estaba por encima de las otras, que merecía reinar sobre los demás, y ya se sabe como termina esa historia.

“El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad”. – Albert Einstein.

Sin el patriotismo, no habría forma de que las autoridades y grupos de poder lograran convencer a los ciudadanos para que voluntariamente se ofrecieran a matar a otros y exponerse a sí mismos a la muerte, sólo para defender una idea abstracta que en realidad no significa nada. El patriotismo es entonces clave para las guerras, y las guerras son claves para los negocios. Hay dinero de por medio en el patriotismo, claro que sí.

Si los humanos lográramos borrar esa barrera artificial de la nacionalidad, eliminando las fronteras territoriales y nos apreciáramos por lo que somos, habitantes de la Tierra, unidos por un vínculo natural, conscientes de que somos interdependientes, no habría forma alguna de que pudiéramos ser manipulados para aplastar a nuestro prójimo por el simple hecho de ser originario de una locación distinta. No habría forma alguna de que nos tragáramos el cuento xenófobo de que los extranjeros representan un peligro para nuestro modo de vida y nuestras constumbres, y por lo tanto hay que combatirlos —hasta la muerte en muchos casos—. Paul Valèry una vez dijo: “La guerra es una masacre entre personas que no se conocen para el beneficio de personas que sí se conocen pero no se masacran”. Otro francés, Jean Paul Sartre, mencionó que “cuando los ricos se declaran la guerra son los pobres los que mueren”. Ambos no podrían haber estado más acertados. Los pobres patriotas son los que derraman la sangre en los campos de batalla, mientras los ricos, más fieles al oro que a la bandera, se sientan cómodamente a observar desde una distancia segura todo lo que sucede, esperando que el conflicto termine para recolectar los frutos. Nathaniel Rothschild personificó lo anterior: el acaudalado indescrupuloso sin fronteras.

Pero las guerras sólo son un aspecto. La desunión también es un interés fundamental de los manipuladores si es que su fin último es la perpetuación del poder. Es rotundamente necesario que nos veamos los unos a los otros como alienígenas, sin objetivos en común, sin organización social para que la estructura de poder se pueda mantener. El statu quo dejaría de preservarse si repentínamente todos nos diéramos cuenta que somos iguales, que nuestras necesidades son las mismas y que cooperativamente podemos lograr más cosas que individualmente. No dejemos que nos dividan, no dejemos que nos venzan. El famoso divide y vencerás de Machiavelli. Los beneficios de la colaboración superan abrumadoramente a los de la competencia, de eso no hay duda.

Otra “aplicación” del patriotismo, es la consumista asociación de bienes y servicios comercializables con el lugar en donde se fabrican. Se nos trata de vender cerveza, comida, vehículos, electrodómesticos, cemento, hidrocarburos, servicios bancarios, educación, etc. etc. bajo el absurdo lema de ¡Orgullo nacional! Y lo más patético es que en efecto funciona. Ingenuos consumidores interactúan en el mercado ciegamente, en su mayoría basando decisiones no en el precio, calidad o cantidad, si no en el lugar de fabricación de un producto. Siendo el nacionalismo/patriotismo un as bajo la manga de los mercadólogos, se presenta como una herramienta perfecta del sistema capitalista actual, el cual sabe muy bien transformar casi cualquier cosa en lucro, y por ende en control económico. “No hay que ser malinchista, hay que comprar nacional” dice por ahí uno que otro perdido.

Complementariamente, es notorio que los eventos deportivos son extremadamente útiles para cultivar este abstracto sentimiento patriótico. Repetitivos campeonatos de mútiples disciplinas se realizan todo el año en todo el mundo, esperando que las masas idiotizadas apoyen ciegamente a participantes sólo por el simple hecho de provenir de una región similar —ni siquiera de una cultura en muchos casos—. Son acontecimientos tan irrelevantes como juegos de fútbol, carreras de carros, o cualquier otra insensatez las que hacen a las personas creer que deben agruparse las unas contra las otras. Se levantan barreras artificiales que resaltan nuestras diferencias y opacan nuestras similitudes. Asimismo, el desarrollo de simbología es vital para culminar el adoctrinamiento. Banderas, escudos, marchas, himnos, saludos y cualquier tipo de señal que artificialmente cree la sensación de “unión” entre las personas. La esvástica, el águila calva, la ceiba, el escudo de armas, La Marsellesa, la banda marcial, todos los anteriores son instrumentos de adormecimiento, de atrofiación, de supresión, de restricción del pensamiento crítico. Ese falso sentido de pertenencia emanado del nacionalismo y todos sus derivados es una ilusión, causa más desunión entre la humanidad.

Es por eso que me gustaría invitar a la gente a reflexionar, a liberarse de esta atadura mental que restringe nuestra calidad de humanos para hacernos creer que somos diferentes, cuando realidad somos mucho más parecidos de lo que creemos, al punto de que dependemos de los demás para tener una vida plena, feliz y próspera. Veámonos a todos como las personas que somos, no como guatemaltecos, estadounidenses, salvadoreños, italianos, africanos, asiáticos, negros, blancos, indígenas, ricos, pobres, de izquierda, de derecha, cristianos, musulmanes, creyentes, escépticos, jóvenes, viejos, mujeres, hombres, etc. Llamémonos humanos. Seamos humanistas.

“Nunca se tendrá un mundo tranquilo hasta que se extirpe el patriotismo en la raza humana.” – George Bernard Shaw.

Giancarlo Melini

Futurista. Escéptico, esporádicamente cínico. Expreso en forma libre lo que considero viciado del paradigma sociocultural que obstaculiza el desarrollo para todos. La espiritualidad es un estado de armonía con los demás y con nuestro entorno, siendo innecesaria cualquier doctrina dogmática que prometa la felicidad. Considero que las soluciones a los problemas se deben pensar utilizando una escala de valores totalmente distinta a la que usamos cuando los creamos. La secularización y la sostenibilidad económica deberían ser un objetivo global. El pensamiento crítico y la apertura mental son mi tarjeta de presentación.

10 Comments

  • Reply September 13, 2013

    Frank

    Interesante lectura. Quisiera tener más respaldo externo de muchas de las aseveraciones hechas, varias muy vehementes, pero se entiende la línea de pensamiento. Concuerdo contigo al decir que, en efecto, el patriotismo/nacionalismo constituye una ideología (en el sentido marxista de la palabra) sin ningún valor intrínseco o esencial; que es simplemente un discurso de disciplina y dominación, de justificación anacrónica para la autoridad del estado y la distribución del poder; que es enfermizo que se arraigue tanto al punto de volverse un constituyente radical para la identidad de muchos y que se defienda con tal sandez y visceralidad. Todo eso es muy obvio al observar los efectos negativos de la mentalidad nacionalista (el caso Nazi y del patriotismo exacerbado popular de los Estados Unidos son ejemplos muy pictóricos). Sin embargo, un análisis más completo, a mi parecer, habría incluido al menos los resultados positivos o útiles de la idea de nación (y quizás también los del nacionalismo, que es diferente), además de una revisión más minuciosa y detallada de la historia, a modo de no pecar de mentes cerradas.

    En mi opinión, la ideologización y consagración ontológica de la nación constituyen una abominación histórica, pero la nación como entidad administrativa y disciplinaria no me parece tan descartable.

    Comencemos por tener en mente que somos seres sociales, ¿no? que nos agrupamos, que hay culturas y diferencias entre estas agrupaciones, que hay una necesidad de la diferenciación para la identidad (punto de debate), que estas agrupaciones entran en contacto (y que no son sinónimos de la nación necesariamente) y que seguramente tendrán intereses distintos. ¿Qué nos podría asegurar que no haya enfrentamientos entre estos grupos, digamos, en una nación (territorio) grande que contenga a varios de estos? ¿Qué tendrían en común para formar una comunidad y convivir? ¿Es la idea de humanidad suficientemente relevante en estos casos? ¿Acaso nos daremos cuenta? ¿Acaso no se obviará? ¿Podríamos erradicar la diferencia y homogeneizar la humanidad (y deberíamos)? ¿Qué se necesita entonces para superar esas diferencias y establecer una comunidad global?

    Algunos argumentan, y es aquí donde argumentos a favor de la nación se vuelven relevantes, que solo bajo una agrupación o administración que incluya a todas la agrupaciones diferentes que conviven dentro de un territorio se puede encontrar algo en común –la pertenencia a la nación– que supere las brechas culturales y de identidad, y logre una cooperación mutua; esto es, una nación inclusiva (ojo, no cualquier nación). Obviamente, esto deja de lado las diferencias económicas y las hegemonías culturales, pero es precisamente esta abtracción, creo yo, la que favorece este argumento en particular a favor de la idea de la nación: no sería una institución fundamentada en esas identidades diferentes, sino una delimitación administrativa que englobe a estas agrupaciones sin importar sus diferencias y establezca un sistema de convivencia, administración y reglamentación (las leyes; la disciplina) para todos por igual. Suena terriblemente idealista y abstracto, conlleva también muchos problemas por las distribuciones de poder siempre tan asimétricas, pero es un argumento a favor (bastante ‘lógico’, a mi parecer), y Canadá me parece un buen ejemplo.
    Otro argumento, un poco ligado al anterior, es el de la nación como teleología instrumental, incluso utilitarista, en sí. Esto es, la nación como objetivo común para el trabajo y la cooperación colectiva, los así llamados “proyectos de nación” (de los que nuestra región carece tanto). Claro, estas ideas comúnmente se llevan a cabo a través de narrativas y discursos –el nacionalismo, la mitificación de la nación y de su imaginario– de los que derivan esencialismos e identidades idióticamente fervientes, como tú dices, pero bien actuán como motor para muchas naciones con sociedades extremadamente complejas dentro de ellas, como lo son muchas sociedades modernas, para impulsar el desarrollo de las mismas más allá de las diferencias raciales, religiosas, de género, etc. De nuevo, un argumento irremediablemente idealista y poco consciente de los juegos de poder, del oportunismo, de la manipulación. Fácilmente se puede pasar de una buena causa para conformar naciones a una “herramienta de control social” sin que siquiera nos demos cuenta, y muchos lo hacen del todo conscientes y con intensiones poco admitibles.

    Necesitaríamos mantenernos conscientes de la función meramente administrativa e instrumental de la nación, aunque esto le quitare ímpetu a la movilización colectiva, para no caer en la radicalización ontológica de la nación que tanto contamina las identidades y genera conflictos internacionales y orgullos huecos. Creo que esto es muy posible, dentro de ciertos límites, quizás. En Canadá, de nuevo como ejemplificación, vale más la identidad de comunidades más inmediatas (provincias, ciudades, comunidades) que la de nación a mi parecer, y aun así se logra mantener la idea de esfuerzo colectivo y la multiculturalidad tan propia de ciudades como Toronto, Montreal, Vancouver, etc. Esto no significa que sean una nación superior (allí yace la radicalización y esencialización estúpida de la nación), sino que por diversos factores, de los cuales creo que la multiculturalidad y la apertura han sido claves, la idea de la nación ha sido más o menos desmantelada como constituyente acérrimo de la identidad (de la que aun forma parte, sí, pero de manera muy muy distinta a como ocurre en EUA, por ejemplo).

    ¿Será que a eso deberíamos movernos, a un desmantelamiento del concepto de nación y una erradicación del nacionalismo? ¿Cómo podríamos hacerlo? ¿Qué sostendría el tejido social de un mundo sin fronteras pero aún con tantas diferencias? Personalmente creo que se logra a través de comunicación y educación, de contacto sano y consciente entre las diferentes culturas, clases, religiones, ideologías, géneros, lenguas, etc. ¿Sobre qué plataforma podría lograrse a larga escala, a una escala mundial? No lo sé, por el momento tenemos naciones como puntos de referencia. ¿Cómo podríamos sobrepasar los estereotipos, las generalizaciones, las diferencias, las colectividades, los individualidades, en un mundo tan complejo como el que heredamos? ¿Será una completa subversión del sistema capitalista actual que gobierna al mundo, que controla las relaciones internacionales y personales, y aliena tanto a la humanidad, suficiente para superar todas estas barreras? ¿Qué papel juega la “globalización” en todo esto? ¿Podremos convertir esas barreras en puentes? ¿Cómo? ¿Es acaso la diferencia sinónimo de conflicto? No lo creo, pero allí está el punto de discusión.

    De nuevo, creo que el nacionalismo como ideología esencialista es un fenómeno enfermizo de nuestras sociedades actuales. Eso sale a relucir especialmente alrededor de estas fechas, cuando se celebra una independencia tan insignificante ante la realidad de nuestros países, pero completemos la visión viendo los demás puntos posibles. La idea de la nación necesita ser reevaluada, sí, como todo en el mundo, pero tenemos que comprender primero qué es lo que estamos reevaluando.

    Quiero abrir la discusión y ver más puntos.

    Saludos!

    • Reply September 15, 2013

      Giancarlo Melini

      Frank,

      Muchísimas gracias por el aporte, está valiosísimo y hay una gran cantidad de puntos válidos.

      Concuerdo con la idea de que el concepto de nación ayuda a organizar esfuerzos colectivos y alcanzar objetivos comunes. Es cierto también que el ser humano es ser social, y que por motivos económicos -la escasez- naturalmente tiene a asociarse con quienes tiene mayores similitudes.

      Sin embargo, los logros alcanzados en pro de una una nación, generalmente excluyen a quienes no son parte de esa nación. El idealista soy yo, en este caso almenos, ya que en efecto vernos todos como simplemente humanos no es suficiente para que nos asociemos trabajemos TODOS juntos.

      Otro asunto, es que en efecto el nacionalismo ha logrado avances y progreso social para grupos específicos y ha constriuido y reconstruido naciones, sin embargo creo que eso solo refuerza mi punto: que el patriotismo es una herramienta de control, ya sea para bien -¿de quién?- o para mal. Si ese fervor patrio se transformara en fervor por la Tierra, nuevamente soy un idealista, no habría tantos conflictos internacionales y guerras como las hay ahora.

      Me parece muy raro el ejemplo de Canadá, que es un país extremadamente restrictivos con respecto a los extranjeros tercermundistas que pretenden visitarlo. La construcción de identidad grupal puede ser bastante peligroso, ya que el ser humano como grupo se comporta muy diferente que como individuo. Recomiendo el libro “The crowd” de Gustave Le Bon. No sé que tan productivo sea asignar “identidad” a los grupos, que es lo que hace el nacionalismo.

      Con respecto a si se podrá desmantelar el concepto de nación, considero que eventualmente va a suceder. Te recomiendo ver los documentales Zeitgeist: Addendum y Zeitgeist: Moving Forward. Están gratis en youtube.

      Nuevamente muchas gracias por comentar.

      Saludos.

  • Reply September 13, 2013

    Norman

    No veo nada de malo con el patriotismo, pero si concuerdo en que se usa como herramienta de control social, mejorar ventas de productos, etc. Pienso que es inevitable sentir orgullo por una región o hasta un grupo al que perteneces (por ejemplo es normal que apoyes al equipo de natación de tu trabajo), a mi criterio es una actitud de la naturaleza humana. Ya dependerá de la educación y capacidad de razonamiento de cada persona, dejarse influenciar por el marketing o por discursos de autoridades que piden hacer ciertos actos en nombre de la patria (lo cual, como ya han dicho, es tonto y un mal de la sociedad).

    • Reply September 15, 2013

      Giancarlo Melini

      Muchas gracis por comentar Norman.

      En efecto, es una condición natural derivada de la escasez que el ser humano tienda a asociarse con quienes guarda mayores similitudes. El ejemplo de “es normal que apoyés al equipo de natación de tu trabajo”, es bastante cierto, pero se hace esto de forma racional o es sólo porque sí. Si se hace solo porque “yo pertenezco a ese grupo”, se vuelve sumamente peligroso, ya que se corre el peligro de apoyar absolutamente todo lo que ese grupo haga, sea bueno o malo, solo por el hecho de pertenecer a él. Esto es lo que sucede generalmente con el patriotismo, la gente apoya ciegamente a su “patria” -lo que sea que eso signifique- aún cuando se cometen actos atroces en nombre de ella.

      Saludos y nuevamente gracias por comentar.

  • Reply September 15, 2013

    Llámese: chapín | Brújula

    […] de país y las ideas de patriotismo son para muchos, un simbolismo histórico utilizado para el control social, algo ficticio creado para unificar a las personas por pertenecer y vivir en una determinada […]

  • Reply October 15, 2013

    Javier Morales

    Excelente entrada. Sin embargo, estoy en desacuerdo con la descripción del Nacional Socialismo (NS). La meta de Hitler y el régimen NS era unificar a los pueblos alemanes y convertir Alemania en una potencia. Esa idea de que Hitler quería dominar el mundo y se creía superior a todos los demás es propaganda de los Aliados; creada tal vez, por su propio patriotismo, para hacerse ver a ellos mismos (Estados Unidos, Gran Bretaña y la USSR) como los países “buenos” en contra de los “malos” (Amenania NS y el Imperio de Japón).

    Como dijo Hitler, “Lo más preciado que tiene uno es su propia gente.” Claro, él se refería a esa otra insípida idea de raza, pero estoy más o menos de acuerdo: Lo más preciado que tenemos es nuestra propia gente (osea, todos los humanos).

    “We’re the same. We share the same history, the same heritage, the same lives. We’re tied together beyond any untying. Man or woman, it makes no difference, we’re human. We couldn’t escape from each other even if we wanted to. That’s how you do it… by remembering who and what you are: a bit of flesh and blood afloat in a universe without end. And the only thing that’s truly yours is the rest of humanity. That’s where our duty lies! – James T. Kirk “Who Mourns for Adonis?”

  • […] FUENTE: Blog Guatemala Secular […]

  • Reply September 17, 2015

    Cesar Arrecis

    La paradoja capitalista actual es proponer el contrato individual pero aplicar la dominación general, este es al final la falacia: todos se interrelacionan como oprimidos pero no cuestionan (ni conocen) al verdadero opresor. El sentido humano de pertenencia es natural, se trae y se acrecienta con la vida interrelacionada, cotidiana. Adherirse al equipos de futbol del trabajo es parte de ese ser social construido desde afuera, (lástima), pero eso es necesario para subsistir (igual que agregarse para conseguir comida en los clanes primitivos). Creo que el patriotismo, como el consumismo son malos por la exageración que contiene y expresan. También creo que Hitler (no se dice) le quiso hacer el favor a los aliados con su fanatismo racial de destruir el comunismo (ejem) allí falló. Para los patriotas gringos lo malo y censurable de Hitler fué la forma y oscurecen su razón geopolítica:abatir el sovietismo.

  • Reply March 2, 2017

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