Castillos de arena (I)

Séneca decía que la religión es considerada por la gente común como verdadera, por los sabios como falsa, y por los gobernantes como útil. Veinte siglos después de sus máximas, podemos dar cuenta de que poco —o nada— ha cambiado en este capítulo de la humanidad y su travesía. Millones de personas aseguran experimentar sensaciones insólitas de una presencia superior, un ente no visible, pero benigno, que dirige sus vidas y les otorga ‘paz interior’  a través de una simple plegaria. Dicen invocarle cuando necesitan de su auxilio. En cualquier lugar y sin horario estricto, siempre hay una respuesta; solo precisan cerrar sus ojos y arrojar la debida petición, confiando sin vacilar, en que será materializada de un momento a otro. Puede que llegue más pronto de lo esperado. O, puede que a veces tarde un poco. Si es así, recurren a la paciencia, a la convicción de que el ente está ideando el plan para llevarlo a cabo de la manera más perfecta posible, siendo así como la religión ha sobrevivido durante este tiempo.

Pero más allá de promover un debate en torno a la existencia de Dios, que válido es decir, ya los ha habido suficientes y siguen sin aportar conclusiones contundentes y/o satisfactorias en favor de este postulado, haremos un análisis superficial sobre un fenómeno que alude a las religiones con mayor número de congregantes en Guatemala: sus templos.

Es habitual que un niño nacido en este país —como sucede en otros tantos— sea sometido, con seguridad, a un riguroso adoctrinamiento dentro de la religión que practican sus padres y su familia, lo que es interpretado como rasgo de un orden sociocultural preestablecido, que de adulto también le hará regirse a determinadas costumbres, interpretaciones sociológicas, moralistas, legislativas y otros incidentes fortuitos en su funcionamiento como individuo y miembro de una sociedad. De esta manera, llega a la edad madura pensando que la religión es indispensable, que todos los edificios que se levantan en nombre de ella están absolutamente justificados, y por si fuera poco, ¡nunca serán suficientes! Mientras más extravagantes son sus reliquias y su púlpito, más ostentosos sus arreglos arquitectónicos y compleja su tecnología, mayor será la conmoción inducida en su audiencia.

Si se parte de la figura de Jesús –sin entrar en detalles de su veracidad histórica y la originalidad de sus enseñanzas— como el ideal del ser humano hacia el que apunta el Cristianismo, es fácil observar que algo está mal en la práctica de sus principios. Es cuestionable la inversión multimillonaria que se realiza con frecuencia para levantar todo tipo de centros religiosos, sin un fin más relevante que el de reunir a cientos y miles de personas, estimular sus emociones, provocarles sentimientos de plenitud y de vanagloria personal, para luego meter la mano en sus billeteras y enriquecer a sus inversionistas. Un círculo entre oferta y demanda que tiene satisfechos a todos los involucrados.

La Iglesia Católica es la gran precursora del derroche. Todos sus templos son un lugar referencial entre los vecinos de una localidad, generalmente por su ubicación y dimensiones. Presentes en todos los pueblos de provincia y cercados por comunidades en situaciones de pobreza extrema, donde los servicios vitales son escasos e irregulares. En su interior, retablos de maderas exóticas labradas por lo general en el extranjero, dispuestos para el realce de las imágenes, algunas de ellas, con facciones exquisitas y de gran detalle. No obstante, muchas de estas construcciones han quedado relegadas a simple patrimonio cultural e histórico de nación, más allá de su mera utilidad, pues su alcance en servicio humanitario es muy limitado, si se la juzga por sus posibilidades económicas y de acción. El mismo modelo urbanista que hace coincidir la plaza central, el palacio de la Municipalidad y el templo de la Iglesia Católica se funde con el caótico modelo social donde proliferan los alcohólicos y drogadictos ambulantes, indigentes, mercaderes informales y muchos, muchos perros callejeros, visiblemente enfermos y desnutridos. Nada tan diferente de lo que pudo ser un cuadro de los siglos del florecimiento colonial, según nuestros historiadores.

Todo esto subsiste a la sombra de una institución decadente, asentada en este continente a base de fuerza y sometimiento brutal de los grupos indígenas, y cuyos rituales permanecen estancados en la Edad Media, con discretos avances en temas de bienestar común, fomentando la sumisión del pensamiento analítico, la desigualdad de clases y de género, el irrespeto al derecho de las minorías, además de ser la promotora más aguerrida de los ataques contra grupos seculares y de laicos en todo el mundo. No importa quién esté al mando, sus preceptos fundamentalistas han echado raíz en todas partes, y es difícil augurar que en un futuro, sus propósitos puedan transformarse en algo promisorio, algo más unificador que la tradicional opresión de la naturaleza humana que ha encabezado desde su origen.

Continuaremos la próxima semana…

Walfred Monasterio

Otro de esos locos que cree que la música podría salvar al mundo. De ahí que su preparación y ocupación se orienten al audio y sus ramas. Filósofo de calle, de corte artesanal. Un descomplicado por encima del promedio. Decidido a no terminar sus días como los empezó: desnudo y llorando.

7 Comments

  • Reply January 8, 2014

    Heber Osiel Morales López

    Para ser una persona que se orienta en el audio y la música, sabes bastante de neurociencias y psicología

  • Reply January 8, 2014

    Claudia Huerta

    Templos ostentosos a donde la gente va a somatarse el pecho los domingos. Es que es más fácil un efecto placebo que escarbar de raíz el mal.

  • Reply January 9, 2014

    Paul Serrano

    Que buen articulo, de esos que raras veces se leen.

    Slds.

  • Reply January 10, 2014

    Walter

    Me pareció muy genial el articulo, disfrute leyendo y me diste una idea muy clara. (Y)

  • Reply January 14, 2014

    Walfred

    Muchas gracias a todos por sus valiosos comentarios. Espero seguir aportando en esta magnífica página. ¡Muchos saludos!

  • Reply January 16, 2014

    Carlos Meza

    Excelente publicación Walfred, muy cierto todo lo que contiene…

  • Reply March 10, 2014

    Tobías Agudelo

    Cuánta ignorancia radica en una persona narcisista, una patología extrema. Un desorden evidente de las facultades superiores de la persona. Refleja un camuflaje del vacío interno provocado por conflictos internos no resueltos. Sin duda se asemeja a decir “llevamos vidas de silenciosa desesperación” Thoreau; lo que significa pobreza espiritual.

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