Entre la inmensidad y la eternidad

“Mira de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Esos somos nosotros. En ella todos los que amas, todos los que conoces, todo el mundo del que has oído hablar, cada ser humano que existió, que vivió su vida. La suma de nuestras alegrías y sufrimientos, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y cada padre, cada niño con esperanza, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió allí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.”[1]

Nuestra existencia es valiosa.

Y no, no lo digo a manera de cliché, es que verdaderamente lo es.

Creo que dentro de mi cabeza existen varios pensamientos reiterados, insistentes, de aquellos que dan insomnio, esos que prevalecen por el paso del tiempo. Para mí, la existencia y su intrínseco valor es uno de ellos.

No hace mucho que escuché hablar del término: “overview effect [2]“, el cual podríamos definir como la experiencia que tienen los astronautas luego de ver nuestro planeta flotante en el espacio exterior, como una gran pelota azul y ellos como terceros, ajenos, simples espectadores de su impresionante belleza. Me llamó muchísimo la atención porque eso equivale a vernos por lo que realmente somos, un planeta diminuto en la inmensidad del Universo. (Mire usted mismo de lo que hablo: http://vimeo.com/55073825)

Menciono con frecuencia que la vida es perspectiva pero nunca lo digo más en serio que cuando hablo del Universo. El Universo y su comprensión nos regala en cantidades exponenciales, eso: perspectiva. La perspectiva cósmica es como un shot de adrenalina, es ese auto-reflejo que se tiene cuando se está a punto de quedar dormido y se tiene la sensación de caer… nos despertamos de a golpe. El Universo siempre ha estado allí y probablemente lo estará cuando ni usted ni yo estemos aquí, lo cual lo hace fascinante y digno de ser estudiado, comprendido -en lo que se pueda conforme nuestras humanas habilidades- pero sobretodo…admirado.

Mi opinión de este mes, lejos de ser una columna de ciencia o de “datos curiosos acerca del Universo” (lo cual no estaría nada mal por la cantidad de información interesantísima que tiene el cosmos para contarnos, la cual es digna de ser conocida y compartida) intenta ser un acercamiento frontal a lo que ya damos por sentado, una aproximación a lo que no analizamos por estar sumergidos en la rutina, en las tareas cotidianas o probablemente sea, una reflexión personal acerca de alguna de las tantas costumbres mentales que tenemos, como la de pensar que después de la última aspiración de aire a los pulmones viene la siguiente… y después la siguiente, de manera automatizada, humanamente natural. Sin detenernos a pensar sobre los miles de millones de años que han sido necesarios para que existiésemos de la forma en la que lo hacemos. Evolución o causalidad precisa mas no perfecta.

Mi opinión de este mes va por el lado del asombro. Asombro y curiosidad. Para asombrarnos se necesita muy poco en realidad puesto que tenemos todo un -mundo de probabilidades-, literalmente, para hacerlo. Basta con mirar al cielo despejado y entender su inmensidad o ver cómo los pájaros regresan a sus nidos a la hora del atardecer porque entienden que el día está por acabarse, oler la tierra mojada cuando llueve y cómo todo vuelve a renacer, la densidad perfecta del agua que la hace ser fuente vital de vida y que, vale la pena decirlo, desperdiciamos sin mucho analizar.

El asombro, por su parte, nos hace comprender que nuestra posición en la Tierra no solo es momentánea sino valiosa, importante y sobretodo, afortunada.

Automáticamente tenemos una concepción más amplia de nuestro “por qué” en este planeta, que no es nada más que una nave espacial siendo nosotros sus pasajeros, y que si analizamos el único límite con el espacio exterior son las capas de la atmósfera terrestre. Esta es una perspectiva que agita los sentidos y nos seduce a pensar más allá.  La curiosidad nos hace indagar, cuestionar, tener mentes activas, en constante inconformismo por lo establecido y/o aprendido, “aprender a desaprender” dicen por allí. Ser curioso es tener el espíritu aventurero, con ganas de saber, de entender cómo funciona el mundo en su espectro amplio.

Carl Sagan [3] decía que los descubrimientos hechos en los últimos tiempos acerca del Cosmos y nuestro lugar en él han sido increíbles e inesperados. Él señalaba que estos descubrimientos nos recuerdan que los seres humanos hemos evolucionado para asombrarnos de la satisfacción que causa el entendimiento. Nos mueve a comprender que el conocimiento es un prerrequisito para la supervivencia de nuestra especie y la importancia que tiene el estudio del Universo en el que vivimos. Saber es poder pero también es responsabilidad.

En esta era de la tecnología no deberíamos de tener excusa pues todo está al alcance de uno o dos clics, busque lo que más le llame la atención, hay para todos los gustos. Salga a su jardín, vea por una ventana, por las noches recueste su cabeza, solo por un par de segundos, hacia la vastedad del Universo que tiene al alcance de sus ojos y verá que todo hace sentido, sin mayor esfuerzo. No hay mejor sensación que la de sentirse infinito, sentirse parte del todo que nos rodea y conforma… Pues estamos aquí, como de paseo, por un par de vueltas a la trayectoria habitual de la Tierra y nuestra existencia se habrá esfumado.

¿Qué somos en comparación con la eternidad e inmensidad del Universo? ¡Cuánta perfección en la aleatoriedad de las posibilidades! Que somos usted (leyendo) y yo (escribiendo) aquí y ahora, los afortunados de poder cambiar realidades, ser nosotros mismos, luchar por causas justas y éticas, hablar sobre lo que nos gusta y disgusta, pelear contra el conformismo y la indiferencia. Entender que en cada cabeza hay un mundo pero que todos conformamos parte del mismo.

Si se impresiona demasiado con lo que descubrirá, no se preocupe. Es una reacción natural… Estamos hechos del cosmos, imagínese las posibilidades dentro de él, dentro de usted.

«“Somos polvo estelar que ha tomado su destino con sus propias manos.(…) Somos una vía para que el Cosmos se conozca a sí mismo.”»    -Carl Sagan

[1] Guión de Carl Sagan en: “Punto Azul Pálido” (Pale Blue Dot).
[2] Se podría traducir al español como el efecto de una visión en conjunto o el efecto de una apreciación global.
[3] Astrónomo, astrofísico, cosmólogo y escritor estadounidense. Divulgador de ciencia y defensor del pensamiento escéptico-científico. Escritor de la serie documental “Cosmos: Un viaje personal” (Cosmos: A Personal Voyage) en 1980, la cual recomiendo al lector. Murió en 1996.
Texto publicado originalmente en Brújula.

Ana Raquel Aquino

Mente abierta, corazón abierto, espíritu libre. Creo en el ser humano, en la búsqueda de la verdad, en la duda como motor para encontrarnos a nosotros mismos. Curiosa e inconforme. Estudiante de Derecho y defensora de la rebeldía justificada en principios éticos universales. Pasión por las letras, la cerveza oscura y el Universo. De izquierda y atea en la práctica, si me lo preguntan...

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