Entre ignorancia y cinismo

Hasta la invención y comercialización del cigarrillo a finales del siglo XIX, los casos de cáncer de pulmón eran extremadamente raros. A principios del siglo XX, éstos comenzaron a crecer a un ritmo acelerado. En la década de 1950, por medio de estudios de diferentes disciplinas médicas y científicas, se comenzó a establecer que los cigarrillos eran la causa de tal epidemia.

La respuesta de las tabacaleras a la creciente evidencia que mostraba que sus productos eran cancerígenos fue proclamar una conspiración en su contra y lanzar una costosa campaña mediática diseñada para desacreditar a los estudios científicos. La campaña tuvo mucho éxito para ellos, pues logró sembrar la duda en las mentes de muchos consumidores que no variaron sus hábitos como consecuencia de la evidencia científica. Al día de hoy, en gran medida por el tiempo ganado por las tabacaleras al inicio, por el analfabetismo científico de una buena parte de la población y varios cómplices ideológicos, los cigarrillos lograron establecerse en el mercado y son la causa de la muerte de un millón y medio de personas al año.

Uno de esos cómplices ideológicos era nada más y nada menos que Ayn Rand, autora de Atlas Shrugged, y una de las principales influencias en el pensamiento socioeconómico de la Universidad Francisco Marroquín. Rand fue una fumadora empedernida, al punto de crear nexos ideológicos con su hábito, pues lo veía como un símbolo del dominio de la humanidad sobre el fuego y la naturaleza. En vida, Rand ayudó a promover la estrategia de las tabacaleras; para ella, todo era un invento de los sucios comunistas que detestan el capitalismo y el libre mercado para joderle la vida a los nobles empresarios—a los Atlas que sostienen el mundo y lo hacen funcionar.

Desafortunadamente para Rand, no había tal conspiración; fumar cigarrillos sí causa cáncer de pulmón e irónicamente esa fue la causa de su muerte. La negación de Rand, por supuesto, no estaba basada en razones científicas; partía de su propia ideología objetivista que proponía al libre mercado como el único sistema económico moral.

¿Le suena familiar esta historia? Eso se debe a que es precisamente la misma línea argumentativa de muchos de los negacionistas del cambio climático y del calentamiento global antropogénico. Para ellos, es inconcebible que las actividades humanas que han cambiado nuestro planeta desde la Revolución Industrial puedan tener un efecto en la ecología. Todo tiene que ser una conspiración, porque de ser verdad, eso se traduciría en la enorme incomodidad de tener que admitir un error en su ideología y cambiar su comportamiento. Uno de esos efectos “despóticos” de la democracia que Warren Orbaugh—director del Centro Henry Hazlitt de la UFM—describió en una extraña columna en RepúblicaGT.

No es poco común, por cierto, que en Guatemala sus principales detractores estén vinculados con la UFM; Rand viene con el paquete completo. Veamos dos ejemplos.

El 27 de marzo el ex-rector de la UFM, Giancarlo Ibargüen publicó una columna en Nuestro Diario—y reproducida en Facebook—titulada Nuestra ignorancia sobre el cambio climático. En sus líneas, Ibargüen intenta desacreditar a la ciencia que sostiene la teoría del calentamiento global argumentando que es una ciencia llena de ignorancia acerca de la materia que estudia. Irónicamente, lo que Ibargüen termina demostrando es únicamente su propia ignorancia acerca del tema (¿o será negligencia propiciada por una ideología?).

Esto lo hace desde que compara las predicciones a corto plazo que hace el INSIVUMEH con las mediciones y predicciones a largo plazo que hacen quienes investigan las variaciones históricas en las condiciones climatológicas. Ambas actividades pertenecen a dos ramas de estudio diferentes, con métodos, enfoques y propósitos diferentes. Lo que hace el INSIVUMEH entra dentro de la meteorología, que es el estudio de las condiciones atmosféricas y cómo éstas impactan el estado del tiempo en una región (weather). Es una ciencia inductiva que tiene como objeto poder predecir cuáles serán las condiciones a corto plazo. La ciencia en la que se basa la teoría del calentamiento global, en cambio, es producto de la climatología. Ésta es una ciencia deductiva que tiene como objeto estudiar las variaciones del clima a lo largo de espacios largos de tiempo (climate).

Para ilustrar la diferencia entre ambos, podemos tomar un ejemplo que todos conocemos. Quienes vivimos en Guatemala sabemos que marzo y abril son meses muy calurosos; la época lluviosa es de mayo a septiembre; octubre y noviembre son meses frescos con mucho viento e ideales para volar barrilete; mientras que diciembre, enero y febrero son los más fríos del año. Podemos decir con bastante certeza que mayo de 2025 será un mes lluvioso (climatología). Eso es fácil, porque nuestra experiencia y los registros científicos lo muestran. Más difícil es decir que el 29 de mayo de 2014 será un día nublado y lluvioso, con una temperatura de 15 grados y una precipitación de 8 pulgadas (meteorología). Las condiciones atmosféricas varían de un día a otro de formas difíciles de predecir, pero mantienen promedios estables durante períodos largos de tiempo.

Quien hace una crítica a la meteorología para desacreditar a la climatología y por ende a la teoría del calentamiento global, simplemente ignora esta distinción o la distorsiona a propósito para intentar hacer un argumento persuasivo para otras personas que ignoran esto.

El 29 de marzo Luis Figueroa, catedrático de la UFM y columnista de elPeriódico, publicó una entrada en su blog personal que se erige como un monumento al cinismo del “egoísmo racional.” Con motivo de la publicitada “Hora del planeta” que exhorta a la gente a apagar sus luces y electrodomésticos durante una hora, Figueroa invita a la gente a hacer exactamente lo opuesto. Aparentemente, estar consciente de que las innovaciones tecnológicas que facilitan nuestras vidas también tienen un efecto negativo para el planeta y sus otros habitantes no humanos equivale a ser un malagradecido.

Es cierto que este tipo de iniciativas son bastante superficiales; aunque esa no es la razón por la que Figueroa la desprecia. Poco o nada ganamos apagando focos por 60 minutos si no vamos a las verdaderas raíces del problema. A estas alturas, lo único que puede detener un casi seguro desastre es un esfuerzo mundial por regular la industria, disminuir nuestras emisiones de carbono y estimular la creación de tecnologías “verdes.” Eso únicamente va a suceder si se deja de negar la evidencia acumulada durante medio siglo que demuestra la realidad del calentamiento global.

Este es el único planeta que tenemos y preservarlo es nuestro deber como especie dominante y en gran parte responsable de los daños. Es hora de informarse, de no dejar que los sesgos ideológicos, la ignorancia y el cinismo nos engañen. Recuerde lo que tales “virtudes” le trajeron a Rand.

* La imagen es de una escultura de Isaac Cordal, llamada “Políticos discutiendo el calentamiento global.”

Oscar G. Pineda

Oscar es un mamífero bípedo, de la especie Homo sapiens. Disfruta observando extrañas y repetitivas manchas en pedazos de papel, y oyendo a personas de acento raro hablar de peces con patas saliendo del mar; usando palabras raras como ‘qualia’ o números con muchos, muchos ceros. Tuvo la loca idea de dedicar su vida a hacer lo que le gusta, así que ahora está estudiando filosofía en la universidad y ciencia en su tiempo libre. Así se siente a gusto, cuestionando todo; hasta lo que “no se debe cuestionar”. Ah, y odia escribir sobre él mismo en tercera persona.

9 Comments

  • Reply March 30, 2014

    Giancarlo Melini

    El mismo Michael Shermer, un ateo autoproclamado libertario, escribió una columna en la que admitió que en varias ocasiones ha estado a punto de tirar la toalla con respecto a su ideología, ya que es extremadamente dogmática y reacia a reconocer hechos científicos que ponen en duda la veracidad de los axiomas filosóficos de los ‘paladines de la libertad’.

    Aquí comparto la columna: http://www.michaelshermer.com/2013/10/when-science-doesnt-support-beliefs/

  • Reply April 1, 2014

    Jaime R. C. Letona

    Excelente publicación.
    Estas son consecuencias ideológicas de empecinarse con credos y doctrinas que apartan la evidencia para dar paso a la dinámica del mayor crecimiento por el crecimiento. Como diría Edward Abbey: Growth for the sake of growth is a cancerous madness.

  • Reply April 1, 2014

    renè villatoro

    Como dijo alguien por ahí “se puede decir más fuerte, pero no más claro”. Felicitaciones por el blog tan centrado, claro y conciso, libre de prejuicios empobrecedores, que de a pocos, nos están conduciendo al desastre.
    Saludos

  • Reply April 2, 2014

    Oscar G. Pineda

    Muchas gracias a ambos por leer y comentar. 🙂

  • Reply April 4, 2014

    Vivian

    Estupendo artículo basado en argumentos sin estridencias ni gritos. Qué será del futuro si la élite ilustrada del país es tan cínica y manipuladora.

    • Reply April 4, 2014

      Oscar G. Pineda

      Muchas gracias por leer y comentar, Vivian. Como solía decir Goebbels, si una mentira se repite lo suficiente, se transforma en verdad. :/

  • Reply May 8, 2014

    Moisés Berducido

    Desviándome del tema un poco, puedo decir que la columna de Warren Orbaugh suena más a una talibanada que a una explicación racional sobre las ventajas del gobierno republicano. Pero, siguiendo esas idea ¿entonces, debía protegerse a toda costa todo régimen regulado y debidamente fortalecido por sus leyes, aun aunque estas contengan prohibiciones expresas absurdas contra otros grupos étnicos, religiosos, sociales y políticos?

    En la Unión Soviética no había partidos políticos distintos al partido comunista; en Sudáfrica hasta 1995 los no blancos estaban excluidos de toda participación política, hasta en los Estados Unidos de América, la “tierra de la libertad”, varios estados prohibían a homosexuales y ateos ostentar un cargo público, y eso que no mencionamos las leyes sobre esclavitud que existieron en todo el mundo hasta bie entrado el siglo XX. Una república se fundamenta en la ley, pero esta debe ser acorde al respeto muto, los derechos humanos y a la inclusión social. No se puede crear leyes de la nada, como si fueran las tablas de la “Ley de Moisés”, como un “mandato divino” y solo redactarlas, respetarlas y cumplirlas. Eso no es más que idealismo barato y absurdo.

    Que sigan creyendo que no hay cambio climático, o por lo menos que podemos seguir tirando desechos a todo dar. Si bien la Tierra hoy día está en un periodo de calentamiento, la contaminación con cloroorgánicos, gasolinas, carbón, azufre y nitratos afecta la calidad de nuestro medio ambiente.

  • Reply July 4, 2014

    Ricardo Berganza

    Me fascinó la escultura de los “Políticos discutiendo el calentamiento global”. Genial.

    Y la columna también, acaso porque desnuda nuestra arrogancia como sociedad, creyéndonos racionales, cuando somos en realidad racionales e irracionales a al vez.
    Somos irracionales ante las adicciones, y me declaro adicto a los franceses con frijol volteado (en serio!), y también somos racionales, pero en el “corral” de nuestro particular sistema de creencias, vinculado al fín y al cabo a nuestra extracción social.
    Pocas personas tratan y logran hacer una ruptura (en el sentido que plantea Bourdieu), y si no, veamos a tanta gente que se declara científica pero creen en los dioses de moda.
    Por eso no me sorprende tanto la posición de Rand con respecto al tabaquismo, ella tan “resentida” con los soviéticos, y tan prisionera de sus emociones.
    Lástima que quienes la citan, olvidan también interesantes declaraciones de ella con respecto a la religión y el aborto.

  • Reply November 27, 2015

    Sofia

    Yo leo a Rand entre otros, me parece que algunas de sus ideas son buenas, una escritora como pocas, mas para eso existe el sentido critico para discernir, y es esa parte la que como sociedad estamos obviando. Sobre el articulo, para mi las ideologías han quedado obsoletas, son palabras muertas que solo nos dividen e impufen el bienestar de muchos, estructurado por pocos, lo peor de todo es que esos muchos lo permitimos.

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