Espiritualidad en 4.3 gigabytes

En los primeros días de enero, la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) publicaron una maravillosa fotografía de Andrómeda—nuestro vecino galáctico más cercano—tomada por el Telescopio Espacial Hubble. Con sus dimensiones de 69,536 por 22,23o píxeles, es la imagen más grande y de mejor resolución que jamás se haya tomado. En total, contiene 1,545,785,280* grandiosos píxeles y requiere de 4.3 gigabytes para poder ser almacenada. Eso equivale a 4,403 megabytes, o más de 7 discos compactos. Un DVD-5 estándar alberga una película de unas 2 horas en 4.7 gigabytes. Y ya que estamos hablando de números grandes, entre el lente del Hubble y Andrómeda hay unos 2,538,000 años luz o 2.40108211 × 1019 kilómetros. Ya comienza a sentirse uno abrumado, pero apenas estamos comenzando: en realidad, no es una fotografía de Andrómeda, sino de una parte de Andrómeda; 40,000 años luz, para ser precisos.

La imagen que acompaña este texto es un fragmento de la que compartió la NASA en su sitio web. A decir por cualquiera de los estándares a los que estamos acostumbrados, tiene una resolución bastante decente. Considerando, sin embargo, que un monitor de computadora promedio apenas llega a desplegar un par de millones de píxeles, nos estamos perdiendo aproximadamente un 99.9% del detalle contenido en la imagen. A modo de hacerle justicia a la proeza del Hubble, la NASA montó una aplicación en línea que permite ampliar la imagen y observarla en todo su esplendor, aunque eso sí, un pequeño segmento a la vez.

Es simplemente asombroso ver cómo poco a poco, al ir acercando la imagen, se nos va revelando un pedazo del Cosmos. Algunos puntos que parecían ser únicamente nubes de polvo estelar, en realidad son cúmulos de estrellas y si tenemos la suficiente paciencia, es posible observar cada una de las más de 100 millones de estrellas que fueron fotografiadas en esta imagen y más de un billón** que componen la galaxia de Andrómeda. Si mis ojos no me engañan, algunos puntos no son estrellas; son galaxias más lejanas que se asoman tímidamente entre el mar de luz y polvo.

Pensemos en ese número por un momento. Un billón. Un millón de millones. Un uno, seguido de doce ceros. ¿Podemos acaso, con nuestros cerebros de primate bípedo, comprender lo que una cantidad como esa representa? ¿Cuántas de estas estrellas poseen, al igual que nuestro Sol, sus propios sistemas planetarios? ¿Cuántos de estos mundos albergarán algún tipo de vida? ¿Vida inteligente? ¿Varios millones? ¿Un par de centenas? ¿Algunas docenas? ¿Un par? ¿Ninguno? Desconocemos mucho aún como para intentar siquiera dar una respuesta que se acerque a la realidad. Después de todo, apenas y hemos comenzado a explorar nuestro propio sistema solar, nuestra galaxia y una que otra más lejos. La Vía Láctea y Andrómeda son tan solo dos de unas 500 mil millones de galaxias allá afuera en el Cosmos. De lo que sí podemos estar seguros es de que cualquiera que sea la respuesta a cada una de estas preguntas y otras que surgirán conforme avancemos en nuestro conocimiento, será emocionante, abrumadora e inquietante.

Los invito a ver este maravilloso video. Absórbanlo. Compréndanlo. Digiéranlo. Aprécienlo. No es necesario acudir a dioses, religiones ni otras supersticiones para experimentar eso que llaman “espiritualidad.” Un buen telescopio y 4.3 gigabytes de espacio en el disco duro pueden ser más que suficientes.

 


* Eso es, mil quinientos cuarenta y cinco millones, setecientos ochenta y cinco mil, doscientos ochenta.
** No debe ser confundido con el término anglosajón ´billion´que denota únicamente mil millones.

Oscar G. Pineda

Oscar es un mamífero bípedo, de la especie Homo sapiens. Disfruta observando extrañas y repetitivas manchas en pedazos de papel, y oyendo a personas de acento raro hablar de peces con patas saliendo del mar; usando palabras raras como ‘qualia’ o números con muchos, muchos ceros. Tuvo la loca idea de dedicar su vida a hacer lo que le gusta, así que ahora está estudiando filosofía en la universidad y ciencia en su tiempo libre. Así se siente a gusto, cuestionando todo; hasta lo que “no se debe cuestionar”. Ah, y odia escribir sobre él mismo en tercera persona.

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