Iglesias por escuelas

A principios de diciembre del año pasado, mientras todos estaban distraídos por las fiestas de fin de año, un diputado de Líder estaba ocupado armando un ritual religioso en pleno Salón del Pueblo del Congreso. Marvin Rocael Osorio Vásquez reunió a líderes de varias iglesias cristianas y les prometió, entre quien sabe cuántas otras barbaridades, promover una ley que decrete la enseñanza bíblica obligatoria a nivel preprimario, primario, básico y diversificado en escuelas públicas, privadas y por cooperativa. También mencionó su intención de establecer un “parlamento de fe” en el Congreso para lograr que la ley pase con éxito.

Este viernes volvió a circular la noticia luego de que el diputado prestara declaraciones a la prensa, reiterando sus intenciones y agregando que el Ministerio de Educación debe de comenzar a formar “maestros de Biblia.” Una propuesta como esta, en clara violación de la Constitución que establece que el Estado de Guatemala es laico, no debería de sorprendernos. Nuestros funcionarios públicos, candidatos políticos y líderes religiosos—a veces por prepotencia, a veces por conveniencia—constantemente se pasan esta importante separación de poderes gubernamentales y religiosos por el arco del triunfo sin que haya mucha protesta.

Nuestro presidente inaugura mega-iglesias, participa en desayunos de oración para “cambiar el país,” y celebra la independencia de la patria con un Te Deum oficial. El alcalde de Villa Nueva instala estatuas de la Vírgen marcadas con el sello de la municipalidad en parques, arriates y esquinas. El departamento de Izabal advierte a sus visitantes que están a punto de entrar a la “Tierra de Dios.” Su cabecera, Puerto Barrios, lo hace con un enorme monumento en forma de Biblia abierta. El actual alcalde de la ciudad, Álvaro Arzú , utiliza su página de Facebook para publicar versículos bíblicos a diario.

En años electorales aumenta el show: En la campaña de 2011 varios candidatos a la presidencia hicieron alarde de sus creencias religiosas cristianas y de sus intenciones de gobernar con Biblia en mano. Patricia de Arzú repartió volantes con los diez mandamientos de un lado y sus ideas mesiánicas del otro. El lema de su partido fue – y sigue siendo – “Dios, Patria y Libertad“. Manuel Baldizón recorrió el país haciendo campaña con una Constitución en una mano y una Biblia en la otra, pregonando que iba a gobernar de acuerdo a ambas. La Conferencia Episcopal de Guatemala, convocó a los candidatos a la presidencia a un vergonzoso circo en el que ni uno sólo se atrevió a cuestionar la autodenominada “autoridad moral” de la Iglesia Católica, y, en cambio, todos hicieron alarde de sus nobles creencias y moral cristiana. La Sociedad Bíblica Guatemalteca creó una campaña llamada Un gobierno como Dios manda, en la que exige a los votantes que voten y a los funcionarios públicos que gobiernen, de acuerdo a varios pasajes bíblicos.

Cada vez que sale un nuevo fanático o un oportunista de trayectoria como Osorio a proponer que la solución a los problemas sociales que enfrentamos como país está en la Biblia, Dios y la religión cristiana, me viene a la mente aquella extraña frase de Voltaire que declaraba que si Dios no existe, sería necesario inventarlo. Como si la creencia en Dios—el cristiano, el único y verdadero, el que se escribe con mayúscula, por supuesto—fuera necesaria para evitar que el mundo degenere en caos moral.

¡Vaya sorpresa la que se llevarían daneses, noruegos, suecos o finlandeses! Sus países son extremadamente irreligiosos, y desde hace mucho tiempo califican como los más prósperos y pacíficos del mundo y no gracias a la Biblia. Esta manía de equiparar a dios y religión con ética y moral dice mucho de quien la postula, pues es una tácita admisión de sociopatía. En este caso, Marvin Osorio nos dice entre líneas que si no tuviera a su Dios en su vida, pulularía por el mundo matando, robando y violando impunemente.

Además, me resulta obvio que si su intención es sincera y no electorera, como que no le ha dedicado mucho tiempo al estudio de las Sagradas Escrituras que le receta a niños inocentes. Como cualquier libro de la época de bronce, la Biblia contiene pasajes muy bonitos y hasta sabios. Estos son los que los líderes religiosos predican y promueven desde sus respectivos púlpitos. Pero también hay pasajes de una violencia, una ignorancia y un salvajismo terrible.

No puede ignorarse que aunque una abrumadora mayoría de los guatemaltecos son creyentes y cristianos, no todos creen en lo mismo y el porcentaje de personas no creyentes, no religiosas, agnósticas o ateas ha ido en crecimiento. Los que sí creen, además, están divididos en muchas denominaciones cristianas con tensiones entre sí. Los católicos veneran a los santos; los evangélicos creen que esto es idolatría y que es una ofensa a su dios; los mormones creen que Jesús llegó a Estados Unidos después de resucitar y que Joseph Smith era su profeta; los Testigos de Jehová creen que todos ellos están equivocados y que las transfusiones de sangre son una abominación. Un gobierno que toma partido en esta discusión y prefiere las interpretaciones bíblicas de un grupo, por encima de las de otro, es una receta para el desastre.

Aún si existiera unidad—cosa que no sucede—y tomáramos al judeocristianismo como guía, ¿cómo decidir qué “mandatos” seguir y cuáles no? ¿Qué hacemos con los niños que son malcriados con sus padres? ¿Los matamos como sugieren Levítico 20:9, Éxodo 21:17, Mateo 15:4 y Marcos 7:10? Con respecto a las mujeres que tienen relaciones sexuales antes de casarse, ¿las matamos a pedradas como sugiere Deuteronomio 22:20-21? A las mujeres que son violadas, ¿debemos de obligarlas a que se casen con sus victimarios como manda Deuteronomio 22:28-29? ¿Es cierto que el papel de la mujer es aprender en silencio como manda 1a de Timoteo 2:11-15? ¿Es permitido tener esclavos como dicta Levítico 25:44-46? La lista de conflictos potenciales es extensa, porque la Biblia está llena de contradicciones; es el reflejo de diversos equilibrios de fuerza entre visiones teológicas—y políticas—dispares y anacrónicas.

Es aquí donde comienza a vislumbrarse la sabiduría de mantener a la religión separada de las instituciones del Estado, en este caso del sistema educativo. Cada persona debe de ser libre de pensar lo que quiera respecto a la existencia de dioses y a escoger una educación secular o religiosa tanto para sí misma como para sus hijos. También debe de ser libre de rechazar cualquier tipo de moral religiosa por completo y buscar sabiduría en Sócrates o Epicuro; Hipatia o Marco Aurelio; Hume o Russell; Mill o Arendt; Lao Tse o Confucio; Darwin o Bukowski; Proust o Saramago; Mencken o Huxley; Kafka o Dostoyevski; Camus o Sartre;  Sagan o Asimov;  Austen o de Beauvoir; Orwell o Chekhov; Bunge o Derrida; Nietzsche o Spinoza; García Márquez o Vargas Llosa; Woolf o Butler;  Anscombe o Brontë; Borges o Cortázar. Lo único que nos puede dar un atisbo de garantía de esto es respetar los ideales de un estado laico.

Uno de los mayores logros de la Revolución Liberal de 1871 fue precisamente en materia educativa. Durante su mandato, Justo Rufino Barrios convirtió iglesias abandonadas en escuelas, y decretó que desde ese momento en adelante, la educación estatal sería obligatoria, gratuita y laica. Es decir, libre de cualquier intento de adoctrinamiento religioso patrocinado por el Estado.

Mantengámosla así por el bien y la paz de todos, y no permitamos que oportunistas o fanáticos nos hagan retroceder dándonos de nuevo iglesias por escuelas.


P.D. La Asociación Guatemalteca de Humanistas Seculares existe, en parte, para luchar en contra de iniciativas totalitarias como esta. Si usted también ve la importancia de mantener a la religión alejada de la política, únase a nosotros.

 

Oscar G. Pineda

Oscar es un mamífero bípedo, de la especie Homo sapiens. Disfruta observando extrañas y repetitivas manchas en pedazos de papel, y oyendo a personas de acento raro hablar de peces con patas saliendo del mar; usando palabras raras como ‘qualia’ o números con muchos, muchos ceros. Tuvo la loca idea de dedicar su vida a hacer lo que le gusta, así que ahora está estudiando filosofía en la universidad y ciencia en su tiempo libre. Así se siente a gusto, cuestionando todo; hasta lo que “no se debe cuestionar”. Ah, y odia escribir sobre él mismo en tercera persona.

3 Comments

  • Reply February 6, 2015

    Ariel Reyes

    Solo naciones retrogradas fomentan el valor “moral” de la biblia como bien argüías en el post.

  • Reply February 6, 2015

    renè villatoro

    Aclaro, soy católico. Sin embargo me parece de una estupidez supina el proponer que por parte del Estado se de una educación “bíblica”. Más lo veo como una jugarreta política del diputado que lo propone, pues si él no sabe que el estado es laico por definición, ¿quién lo sabría?. Así que ni siquiera el beneficio de la duda, lo que propone es retrotraernos a tiempos remotos o no tanto, en que el estado se definía a si mismo como católico.
    Solo una observación, aunque ese no sea el tema de fondo. Las dos citas que haces de los evangelios, Mateo y Marcos, no sugieren ni remotamente que hay que matar a los hijos malcriados, simplemente están diciendo que si no se honra a padre y madre, ciertamente los hijos morirán, contrario a la promesa de que si honras a tu padre y madre, tendrás larga vida. Entre esa advertencia y la sugerencia de que hay que matarlos, hay un gran trecho.
    Saludos

  • […] y declarar públicamente su lealtad al principado del Mesías. A tenor de esto, Óscar Pineda ha expuesto muy bien a qué nos enfrentaremos. Cada voto cuenta para tan desinteresadas personas; si proviene de la […]

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