Me emputan tanto que escribí una columna

Una de las más importantes reflexiones que hace Platón en el primer libro de La República es sobre los altos costos que tenemos que pagar cuando nos abstenemos de participar en los asuntos políticos de nuestras sociedades. El poder y las posibilidades de hacer lo que es ventajoso únicamente para sí mismo que conlleva un puesto en el gobierno, son un atractivo natural para los que Sócrates llama injustos. Cuando nos desentendemos de la política, entonces, abrimos las puertas de par en par a la posibilidad de que sean las peores personas las que nos gobiernen. ¿Nos queda duda de qué es lo que nos llevó hasta esta crisis política, la mayor de nuestra era democrática?

Si Aristóteles estaba en lo correcto—y creo que lo está—cuando describe al ser humano como un zoon politikón, un animal político que necesita y busca asociarse a otros para convivir y obtener beneficios mutuos dentro de una polis, entonces esta maldita apatía no nos viene por naturaleza. Es producto de muchos años de acondicionamiento; décadas de vivir como Sísifo, empujando la piedra hasta la cima de la montaña, únicamente para verla rodar de regreso al fondo cada vez.

Y es que este ha sido el mayor éxito de los que corrompen y de los que se dejan corromper. Con cada centavo robado con impunidad, con cada voluntad vendida al mejor postor, con cada contrato nepotista, con cada niño que muere por falta de medicinas, nos han asqueado de la política. Nos han convencido, administración tras administración, de que la política es un juego para gente sucia; un juego con reglas establecidas que nadie puede cambiar jamás por más que lo intente, y que, por lo tanto, estamos condenados a observar dócilmente cómo unos pocos acumulan lujos mientras los demás nos ahogamos en un mar de nuestra propia inmundicia.

A veces la vida parece tener un extraño sentido del humor. Justo cuando creemos que no podemos estar peor, nos mira fijamente a los ojos y nos sonríe; sardónica, irónica y vivaz, nos reta y nos da una oportunidad de cambiar el rumbo. Lo hizo la mañana del 16 de abril, poniéndole caras, nombres y números al secreto que todos conocemos, pero del que nos rehusamos a hablar: la SAT, y la administración pública en general, han funcionado como fuentes inagotables de dinero para una red de funcionarios, civiles, empresarios y militares retirados que las han exprimido impunemente durante décadas. Sólo en el último año, según reveló la CICIG, se habla de un desfalco de hasta mil millones de quetzales y cada vez resulta más difícil negar que involucra hasta al binomio presidencial.

Lo que robaron, sin embargo, fue mucho más que dinero. En un país con hospitales públicos al borde del colapso, escuelas sin útiles ni escritorios y maestros que hacen magia, bomberos y policías sin equipo para hacer su trabajo y ganando sueldos de hambre, lo que robaron fueron vidas, sueños y oportunidades. Como escribió un amigo: si no estás indignado, es porque no estás informado.

La tarde del 25 de abril, por fin, la perpetua indignación se tradujo en algo más. Cerca de 32,000 personas acudimos a la Plaza de la Constitución a dar un primer paso: exigirle a Roxana Baldetti y Otto Pérez Molina que renuncien de su cargo y de su derecho a antejuicio, respectivamente. Fue algo histórico y hermoso. Fue un movimiento mayoritariamente de la clase media urbana, es cierto, pero hubo de todo. Por un par de horas, al menos, fuimos capaces de dejar atrás nuestras diferencias ideológicas y religiosas, así como nuestros prejuicios de clase y de raza. No recuerdo algo similar. Escuchar y ver a tantas personas tan diferentes cantando y gritando, unidas todas por su rechazo a un sistema de mierda que se burla abiertamente de todos, fueron capaces de hacer que este cínico, por primera vez en su vida, se sintiera y se supiera guatemalteco. Si no asistes porque crees que “protestar no arregla nada,” creo que necesitas recapacitar porque no estás comprendiendo la situación en toda su dimensión. Ese desahogo, esa catársis, esa sensación de que todos estamos juntos en esto, de ganas de seguir luchando, unidos al claro mensaje que envían a la clase política, son el verdadero valor de estas protestas pacíficas.

Ahora, lo más importante es no perder de vista el objetivo. El 25 de abril fue el día en que finalmente decidimos ejercer nuestra ciudadanía, el día en que tomamos el control de nuestros propios destinos. Pero no nos confundamos, fue únicamente el inicio de un largo camino de ardua labor por cambiar todo un sistema sociopolítico que conviene únicamente a unos pocos. El caso SAT nos mostró la parte ilegal del asunto, pero a estas alturas ya tuvimos que haber caído en la cuenta de que la mayor parte de los instrumentos con los que nos joden coquetean con la delgada línea entre lo legal y lo inmoral.

Dionisio Gutiérrez, haciendo su mejor imitación de Bruce Wayne y Capitán Obvio en un mensaje televisivo, nos recordó que en Guatemala las elecciones se compran. Hacer política en este país equivale a estar amarrado a la voluntad de una élite que busca únicamente el derecho de su propia nariz. Aquí, hasta el mejor de los políticos está condenado a ser como el proverbial Bonasera quien tarde o temprano tendrá que pagarle el favor a un magnánimo y aparentemente desinteresado Vito Corleone. El diagnóstico de Gutiérrez es acertado, pero asombra la desfachatez con la que lo emite, convenientemente olvidando que en esta historia, él felizmente ha jugado el papel de Don Vito para un Bonasera llamado Otto Pérez Molina, al servir como uno de los principales financistas de la campaña que lo llevó a la presidencia.

Ante la gravedad del asunto lo que toca, pues, es evitar que las elecciones se sigan comprando con el dinero de empresarios como Dionisio Gutiérrez o narcotraficantes como los Mendoza. Lo primero, es no quitar el dedo de la llaga y seguir exigiendo las renuncias del binomio presidencial para garantizar que la investigación del caso SAT pueda seguir su curso sin interrupciones y que todos los involucrados sean llevados ante la justicia. Las listas de empresas y personas que evadieron impuestos tienen que hacerse públicas. Luego, exigir las reformas correspondientes a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, que obliguen a los candidatos a revelar de dónde sale el dinero para pagar sus campañas, y que reducen nuestro ejercicio democrático a tener que escoger cada cuatro años por el que percibimos como el mal menor.

Que comprendan que si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir.

Oscar G. Pineda

Oscar es un mamífero bípedo, de la especie Homo sapiens. Disfruta observando extrañas y repetitivas manchas en pedazos de papel, y oyendo a personas de acento raro hablar de peces con patas saliendo del mar; usando palabras raras como ‘qualia’ o números con muchos, muchos ceros. Tuvo la loca idea de dedicar su vida a hacer lo que le gusta, así que ahora está estudiando filosofía en la universidad y ciencia en su tiempo libre. Así se siente a gusto, cuestionando todo; hasta lo que “no se debe cuestionar”. Ah, y odia escribir sobre él mismo en tercera persona.

6 Comments

  • Reply May 3, 2015

    Edgar Ayala

    Buen balance y magníficos ejemplos, para quienes hace décadas estudiamos filosofía, o quienes seguimos el cine o al menos vimos El Padrino. Pero, te pregunto, ¿Cómo resumimos esta reflexión en un lenguaje que todo ciudadana o ciudadano entienda? Con o sin estudios.

    El participante en la marcha “se enojó” y escribió un rótulo. Quién nunca ha hecho eso no ha experimentado esa catarsis de la que vos hablas. Vos una columna francamente intelectual, con la misma rabia.

    Obviamente sos hombre de letras y veas con desdén la tendencia a la redacción de mensajes extremamente cortos, y por consecuencia la pérdida del hábito de la lectura impresa en papel, pero, mas allá de debatir viejas y nuevas formas periodísticas, o si los “memes” son o no “opiniones” legítimas, te invito a que recicles tus propias palabras y en algo mas corto, o, en varias partes igualmente breves.

    Gracias por tu escrito, me agradó leer algo tan claro e inteligente. Perdonadme por la sugerencia, no solo te estoy dando “consejos” que nunca me pediste, pero habiendo luchado similarmente durante al menos 20 como inmigrante guatemalteco en EE.UU. por nuestros derechos, cuento con la experiencia cívica para apreciar tu esfuerzo hacia la construcción de este nuevo movimiento ciudadano en Guatemala, lo que inevitablemente me mueve a sacar conclusiones o paralelos sobre la #NuevaPrimaveraGuatemalteca. (Le pongo el hash tag porque si no me equivoco, soy la primera persona que usa esta frase. Y si no, mucho-reque-teque-mejor).

    Gracias por tu atención y por tu lucha porque Guatemala llegue a ser un mejor país.

    Edgar Ayala

  • Reply May 3, 2015

    Julián Balam T.

    Hay que recordar que manifestaciones al rechazo político lo ha hecho el pueblo de Guatemala desde siempre, y no por la conveniencia de un grupo específico, aunque de una u otra forma en el pasado tal vez no hayan sido tan pacificas pero se han logrado por lo menos detener en un grado (+ / -) lo descarado y la burla a niveles exagerados como lo miramos hoy, pero no basta hacer un análisis superficial y querer cambiar lo que ha venido funcionando por décadas, esto no es como chistar los dedos como el prestidigitador, y cambiar el trasfondo, primero hay que hacer varios niveles de análisis, porque se está dando este sistema de corrupción, hay que revisar los niveles de educación y la clase de educación que recibe la población, los niveles de creencias y quienes la imparten, quienes están en el poder como tal, quienes integran el congreso y las alcaldías, eso es muy importante.
    Es muy claro que los religiosos o clérigos están callados porque también su sistema estaría directamente en un conflicto, y no solo de sus intereses, y esa es parte también de la contradicción general que se vive en el País, si las generaciones que hoy pueden optar a hacer el cambio están con bases débiles y confundidas y aparte de todo contradictorias y en camino a la feminización con el apoyo y aceptación de “normalidad” de “derechos”, y al mismo tiempo se le da auge al feminismo que no es otra cosa que la destrucción de la sociedad con sus antiguos valores humanos, si no logramos entender es porque solo podemos ver una parte de la gran imagen, que simplemente está beneficiando un poder que desconocemos, por lo tanto la corrupción y la empatía hacia nuestra misma especie es el resultado de un sistema de acciones complejas y de manipulación que se han dictado desde atrás.
    Para participar en política no basta solo la intención, las puertas básicamente están cerradas, para ingresar a un partido no es solo afiliarse, la verdadera afiliación es depende el pago, la cantidad, y eso ya es bien sabido, el verdadero ingreso al poder es por medio de una invitación, un apadrinamiento, aporte de mucho capital, como un club privado, eso deja fuera a cualquiera que tenga solo las ganas o las buenas intenciones de trabajar por una Guatemala mejor. Eso es lo que hay que trabajar pelear contra ese sistema ya impuesto.
    Aunque no nos guste tenemos que aceptar que mientras exista el modelo del capitalismo, la situaciones no va dejar que personas con buenas intenciones entren al juego de poder, sino al contrario, todos seguirán el camino del ganar-ganar, entre más mejor, no importa si eso signifique ser inmoral, mala persona o cualquier apelativo con los que puedan ser etiquetados. Es esa la misma razón por la cual cada 4 años tenemos la misma situación, desde que comenzó a funcionar la democracia.
    Si queremos cambiar un grado tenemos que comenzar por la depuración de las alcaldías, el congreso, cambiar la forma en que son elegidos y también tener el poder de quitarlos por la misma ley que son elegidos, al mínimo ruido de corrupción.

  • Reply May 4, 2015

    Oscar Perfecto

    CIERTAMENE

  • Reply May 5, 2015

    Edgar Ayala

    De acuerdo. El desarrollo y mas bien el ejercicio del poder local es fundamental para empezar a cambiar desde la raíz. Eso no significa que las cabezas de la corrupción y la impunidad no tengan que ser extirpadas, sino que debe ser un proceso de dos vías. De abajo hacia arriba y, de depuración de las jerarquías políticas transversalmente. Un proceso en el que ningún partido político que no se ha unido, herede hegemonía, en el que, la participación cívica se celebre y se promueva a todos los niveles de la sociedad, con equidad a todos los niveles y culturas, humana y ecológica mente sostenible.

  • Reply May 5, 2015

    Edgar Ayala

    Corrección: “partido político que no se ha hundido”, no “unido”.

  • Reply May 31, 2015

    will

    me agrado mucho tu articulo! tienes mucha razon

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