Sí, hablemos de geopolítica y de colonialismo, pero también de religión

Al igual que para muchos, el pasado viernes transcurría de forma normal para mí. Había pasado la mañana trabajando en unas ilustraciones para uno de mis clientes y luego de almorzar me puse a leer un par de horas a Hitchens. Como con cualquier cosa de su autoría, una vez empiezo me cuesta mucho soltarlo. Aunque ya lo haya leído antes. Este libro lo estoy leyendo por tercera vez. Después fui al hospital a visitar a un familiar y mientras esperaba la instrucción del médico para poder ingresar a la habitación, leí otro poco. Terminé un nuevo capítulo y tomé mi celular para revisar mi Facebook. Rapidito, sólo un vistazo para ver qué hay de nuevo y seguir con el libro. Sí pues.

Me enteré por primera vez de los ataques en París, no por una de las cadenas de noticias tradicionales, sino por una nota de una revista musical que reportaba que un grupo de personas desconocidas había tomado rehenes en un concierto de Eagles of Death Metal—una de mis bandas favoritas—en el Bataclan de París. Más notas comenzaban a aparecer. Algunas reportando sobre lo ocurrido en el concierto, otras sobre un bombazo en las afueras del Stade de France mientras Francia jugaba con Alemania, y otras sobre tiroteos en el 11e arrondissement de Paris. Reinaban el miedo y la confusión. Nadie sabía con seguridad qué pasaba, pero al mismo tiempo todos lo sabíamos. Todos pensamos lo mismo. Es curioso cómo funcionan nuestros prejuicios.

Personalmente caí en la cuenta de que algo muy grave sucedía cuando comencé a recibir notificaciones de Facebook comunicándome que uno a uno, mis contactos que se encontraban en París en ese momento se habían reportado a salvo utilizando el Safety Check. Esta era una función relativamente nueva de Facebook que se activaba únicamente para desastres naturales y que vi en acción por primera vez el día que el huracán Patricia toco la costa mexicana. En esa ocasión, supe que un familiar que estaba de vacaciones en Puerto Vallarta estaba bien, gracias a que utilizó la función para reportarse. Mientras tanto, los reportes de ataques y las cifras de víctimas comenzaban a elevarse. Lo del Bataclan fue una verdadera masacre. Bombas, Kalashnikovs, saña y mucha sangre fría.

Las opiniones no tardaron en llegar. Lo que pasó era un producto inevitable del colonialismo occidental; la factura que había de pagarse por las aspiraciones imperialistas francesas; la venganza por el bombardeo en Siria. Algo de cierto hay en esto, las políticas occidentales en el Medio Oriente han tenido graves consecuencias y me temo que las secuelas estarán con nosotros por mucho tiempo. Lo que me jode es eso de “inevitable” y la apelación a una especie de karma que mucho se asemeja a esa maldita costumbre de culpar a la víctima; y sobre todo la delicadeza de elefante, lo inoportuno del momento escogido, para dar lecciones facebookeras de historia colonial y geopolítica. Quienes murieron en París no fueron precisamente ĺideres mundiales de esos que conspiran para conquistar el mundo. Fueron personas comunes y corrientes, disfrutando su noche de viernes en compañía de familiares, amigos y bandas de rock pegajoso e irreverente. Había “colonialistas” franceses, españoles, belgas, estadounidenses y británicos; también mexicanos, chilenos, argelinos, tunecinos y marroquíes. A la mente me venía el estribillo de una canción de Eagles of Death Metal, que dice así: «If you close your eyes / then you won’t see / that it’s easier without complexity.»

El siguiente punto en la agenda educativa fue Beirut. Un día antes ISIS había lanzado un ataque en Bourj el-Barajneh, un suburbio del sur de la capital libanesa que está poblado por una mayoría de musulmanes chiítas. Dos terroristas suicidas detonaron sus chalecos con explosivos. Murieron 43 hombres, mujeres y niños inocentes. ¿Por qué no existía la misma preocupación, indignación y solidaridad con los libaneses que con los parisinos? ¿Por qué los medios no habían reportado el ataque en Beirut y sí el de París? ¿Por qué Facebook no activó el Safety Check en Beirut, pero sí en París? Excelentes y necesarias preguntas, indudablemente, pero nuevamente expresadas con el tacto de un Donald Trump y la sutileza de un Quentin Tarantino. Importantes preguntas y necesarias discusiones que rápidamente se perdieron entre un mar de estupidez e hipocresía colectiva. Digo hipocresía porque de Beirut no se enteró nadie. Nadie. Los primeros reportes llegaron al mismo tiempo que los reclamos y los discursos de moral. Nadie supo que habían atacado Beirut antes de enterarse de que atacaron París. La culpa fue de los medios, no de los usuarios. Quizás hubieran llegado más lejos si hubieran sido más honestos, y si no se hubieran ido sobre la bandera.

«If you close your eyes / then you won’t see / that it’s easier without complexity.»

Aaaaaay, la bandera. ¿Por qué Facebook había dado a sus usuarios la opción de mostrar su solidaridad con los franceses, pero no con los libaneses, los sirios, los palestinos, los afganos y todas las demás personas que han sufrido tragedias? Otra buena pregunta y otra necesaria discusión. Uno de los más grandes fracasos morales de la humanidad ha sido lo selectivo de nuestra empatía, lo estrecho de nuestra solidaridad, la indiferencia y desconfianza con quienes se ven diferentes a nosotros. Para muchos esto es noticia y visibilizarlo es una de las mejores cosas que podemos hacer con nuestro tiempo. Eso sí, hay que saber hacia dónde dirigir los esfuerzos. Quienes tienen que rendir cuentas sobre sus criterios de selección son los medios, no los cuates ni las personas marginalmente conocidas que tenemos en Facebook. Muchos años de escribir acerca de los estragos de las religiones y de presentar a la ciencia y el humanismo secular como alternativas, me han enseñado que muy poco se logra diciéndole a la gente que Yisus es un loquillo o señalándoles que son unos acarreados con muy poca materia gris.  Como señalaba Thomas Jefferson, algunas creencias son tan absurdas que definitivamente merecen una burla, aunque poco hacen por cambiar mentes.

«If you close your eyes / then you won’t see / that it’s easier without complexity.»

No es casualidad que a lo que sucedió en París y en Líbano esta semana, y que sucede casi a diario en algún lugar del Medio Oriente, se le llame terrorismo. Como explicó el historiador Yuval Noah Harari en una columna en The Guardian, el objetivo de quienes realizan estos ataques no es mermar las capacidades de respuesta militar ni causar enormes pérdidas económicas. No piensan como estrategas militares, piensan como productores teatrales que buscan montar el mejor espectáculo que siembre el terror en los corazones de los ciudadanos y que comprometa a los Estados a reaccionar estúpidamente ante el temor de verse deslegitimados frente a ellos. No pueden competir con poderío militar, su mejor apuesta es mover el piso y ver si alguien, atemorizado y poco lúcido, se dispara en el pie.

Lo que me lleva a la razón de haber escrito este texto: poner sobre la mesa de discusión temas que no se tocan o que si se tocan, se hacen de la peor manera posible. Me dirijo, específicamente, a mis amigos liberales y progresistas. No es el final de la discusión, es un inicio. Más que dar respuestas, quiero hacer preguntas.

Los terroristas pudieron haber escogido París como su objetivo, pero en estos tiempos el terror no se queda allí. Se viraliza y llega a todos lados. No tarda mucho tiempo en pasar de virus a una especie de monstruo incontrolable que nos hace decir gilipolleces en Facebook, en el mejor de los casos, o nos lleva a odiarnos y matarnos unos a otros, en el peor. Es importante mantener la calma, fomentar la reflexión profunda y hacer uso de nuestras facultades críticas. Hay demasiadas cosas en juego.

La primera es la seguridad de los pueblos árabes y musulmanes por todo el mundo. Es necesario contrarrestar la ola de xenofobia que ya comenzó a formarse desde hace mucho tiempo y que ahora tomará aun más fuerza. Tenemos que ser cuidadosos y reflexivos, porque fácilmente nos podemos encontrar frente a un desenfrenado odio racial, cultural y religioso hacia los árabes y musulmanes que ponga en peligro las vidas de inocentes y que puede servir de justificación para campañas militares mortales y genocidas en el Medio Oriente. Ya está sucediendo en Wisconsin, Escocia y, por supuesto, en Siria. Dudo que alguien esté en desacuerdo con este punto.

Importante, también, es conocer a fondo las razones por las que alguien se une a una organización como ISIS y está dispuesto a sacrificar su vida para defender sus causas. La historia del colonialismo en África del norte y el Medio Oriente tiene mucho que ver, aunque aun hay muchas cosas qué discutir. La historia tiene muchas aristas y la geopolítica, más. Estos dos factores suponen una buena explicación, o por lo menos una explicación plausible, para un acto como el de París. El odio hacia Occidente parece ser bastante grande. ¿Pero explica realmente todo el fenómeno? ¿Explica por qué grupos como ISIS o Boko Haram descargan la mayor parte de su ira en contra de su propia gente? Según cifras del Índice Global de Terrorismo, en 2013 el 80% de las muertes por terrorismo se concentró en 5 países: Irak, Afganistán, Pakistán, Nigeria y Siria. De acuerdo a un reporte de Naciones Unidas sobre la situación de la población civil en Irak, ISIS «llevó a cabo ataques de forma deliberada y sistemática en contra de civiles y de infraestructura civil, con la intención de matar y herir civiles.» ¿Explica por qué ISIS destruye mezquitas e iglesias, así como invaluables monumentos considerados como patrimonio cultural de la humanidad? ¿Qué decir de las constantes alusiones al Corán, el Hadith, las profecías sobre el establecimiento de un Califato, los Allahu Akbar antes de abrir fuego o detonar un chaleco con explosivos ? ¿Será que existe la posibilidad de que talvez, quizás, probablemente, ISIS y otros grupos terroristas están siendo inspirados no sólo por la situación geopolítica y la historia colonial de la región, sino también por su religión?

Aquí es donde muchos comienzan a sentirse incómodos e intentan detener cualquier discusión al respecto porque este tipo de argumentos es percibido como una amenaza al primer objetivo: evitar una pandemia de xenofobia y de justificaciones para la violencia. La palabra escogida es «Islamofobia.» Supone que uno odia a los musulmanes y no quisiera cruzarse con uno. Tiene mucho del tinte peyorativo del famoso «feminazi» con la diferencia de que no viene de uno de esos personajes pintorescos que citando a Arjona dicen que el feminismo es lo mismo que el machismo, pero al revés. Viene de personas progresistas e inteligentes que deberían de ser capaces de analizar los argumentos antes de juzgarlos, antes de responder con sus propios prejuicios y de entender que una cosa es criticar ideas y otra personas; que una cosa es criticar las doctrinas de una religión, y otra a los fieles de esa religión.

La cosa se pone peor cuando se señalan los groseros abusos a los derechos humanos que se cometen en nombre no sólo del Islam, sino en base a interpretaciones teológicamente coherentes, defendibles y perturbadoramente populares del Islam. Sí, como bien debemos recordar, no todos los musulmanes son sociópatas y sádicos jihadistas. Pero también hay que abrir los ojos y ser receptivo a las evidencias que muestran que una buena parte de lo que llamamos “extremismo islámico” en realidad no es tan “extremista” ni tan minoritario. Hay que ver cuántas personas apoyan la implementación de la ley sharia como la ley oficial de su país, cuántos creen en la superioridad del hombre sobre la mujer, cuántos creen que dejar de creer en Alá y abandonar la religión es una ofensa que debe ser castigada con la muerte, (en Egipto asciende a 88%, por ejemplo) etc. No todas las ideas merecen respeto, y no todas las ideas son inofensivas. Que pertenezcan a una religión es irrelevante, tanto o más daño pueden causar precisamente por eso. ¿Qué significan estos números exactamente? ¿Qué impacto tienen en las dinámicas sociales del mundo árabe e islámico? ¿Qué suponen para el futuro de la región? ¿Es el Islam una religión intrínsecamente violenta? ¿Estas creencias representan una distorsión de las doctrinas y textos del Islam, o son su interpretación más pura? Muy poca oportunidad de responder tendremos, si el sólo hecho de preguntarlas ya amerita un epíteto.

El objetivo de hablar de estas cosas no es señalar a los musulmanes como gente retrógrada y salvaje, sino evidenciar la gravedad de la opresión y entender mejor las dinámicas que dan lugar al terrorismo. No sólo Occidente oprime. Las mayores víctimas de esto no son parisinos, londinenses o neoyorquinos, precisamente. Son los mismos inocentes que las ideas liberales y progresistas buscan proteger y defender. En el mundo islámico hay voces como Majid Nawaaz, Ayaan Hirsi Ali, Faisal Saeed Al Mutar e Ibn Warraq, que han levantado la voz y han hecho esfuerzos titánicos por reformar el Islam desde adentro. Hay muchísimas otras más, menos conocidas, haciendo trabajo de hormiga en sus comunidades bajo riesgo de perder la cabeza al filo de una espada. Buscan libertad religiosa, lecturas liberales y no fundamentalistas del Corán, igualdad de género, estados seculares, libertad de expresión, derechos sexuales y reproductivos, eliminación de la violencia contra las mujeres, libertad de elegir a su pareja independientemente del sexo, entre otras cosas. ¿Acaso no son las mismas causas progresistas que defendemos apasionadamente en nuestras propias comunidades? ¿No merecen todo el apoyo que puedan recibir? ¿En qué consiste exactamente ese apoyo?

Un buen comienzo es no negar torpe y dogmáticamente que en el Islam hay serios problemas doctrinarios que llevan al sufrimiento a millones de personas. Un buen comienzo es no negar dogmáticamente que hay vínculos entre el terrorismo de ISIS y otros grupos similares, y su religión. Cada vez que alguien lo hace, le pone un obstáculo más a las valientes personas que buscan reformar su propia fe, incluso cuando ya la dejaron atrás. Es un fracaso moral terrible.

¿Podemos discutir honestamente estas ideas, con madurez, responsabilidad y con la mente abierta? Quizás aprendemos algo nuevo, y hasta dejamos de estorbar nuestros propios intereses y los de quienes decimos defender.

«If you close your eyes / then you won’t see / that it’s easier without complexity.»

Oscar G. Pineda

Oscar es un mamífero bípedo, de la especie Homo sapiens. Disfruta observando extrañas y repetitivas manchas en pedazos de papel, y oyendo a personas de acento raro hablar de peces con patas saliendo del mar; usando palabras raras como ‘qualia’ o números con muchos, muchos ceros. Tuvo la loca idea de dedicar su vida a hacer lo que le gusta, así que ahora está estudiando filosofía en la universidad y ciencia en su tiempo libre. Así se siente a gusto, cuestionando todo; hasta lo que “no se debe cuestionar”. Ah, y odia escribir sobre él mismo en tercera persona.

4 Comments

  • Reply November 17, 2015

    Carlos Orellana

    Oscar: has escrito un artículo fenomenal. Tu forma de plantear la situación ayuda a abrir la mente al diálogo, además es agradable la lectura del documento y se hace fluida. La propuesta que presentas es muy razonable. ¡Felicitaciones!

  • Reply November 17, 2015

    Marcelo Vargas

    Muchas gracias por escribir tan buen artículo. Comparto plenamente tus apreciaciones y me parece que supiste argumentar de manera ordenada y clara para finalmente introducirnos al gran problema de raíz. Hace falta difundir este artículo para entrar en una reflexión que nos permita comprender y desmenuzar el verdadero problema. De nuevo muchas gracias.

  • Reply November 17, 2015

    Beatriz Monje Barón

    Desde mi punto de vista, la cuestión no es si es necesario, en términos generales, hablar o no de religión, sino si el hilo del que tirar cuando hablamos del terrorismo de ISIS es la religión y no otro tipo de cuestiones, efectivamente geopolíticas y económicas: ¿venta de armas? ¿apoyo a regímenes dictatoriales por razones económicas? ¿necesidad de interés político/mediático de declarar la guerra? ¿abandono de la ciudadanía musulmana en los países europeos? ¿demonización de la fe islámica por intereses puramente políticos? No se acabó con la esclavitud acabando con la fe cristiana de la mayoría de los exclavistas, como no se pensó que la existencia del Kukus Clan era un argumento para cuestionar la totlidad del cristianismo. Estas lacras para la humanidad se han combatido a través de cambios políticos y estructurales profundos, cuestionando a los gobernantes y las decisiones que toman en nuestro nombre, avanzando en la comprensión y el cumplimiento de los Derechos Humanos. ISIS utiliza la religión como herramienta de reclutamiento, por supuesto, como lo hacen las maras con el poder, el dinero, la desesperanza y la extorsión… por poner un ejemplo. Por supuesto que hay que trabajar con las comunidades musulmanas en cuestiones religiosas, por supuesto que hay que poner freno a las estrategias de reclutamiento en los países europeos, por supuesto que se pueden (y se deben) cuestionar las creencias religiosas contrarias a los Derechos Humanos, pero la raíz del problema del terror no está en la religión, sino en la política, en el poder y el dinero que son (y han sido históricamente) el principal interés de los gobernantes, de aquíy de allá. ¿Cuánto tiempo financió USA a Sadam Hussein antes de mentir al mundo entero para entrar en guerra en nombre de las armas de destrucción masiva? ¿Y cuando va a explicarnos Tony Balir, tras admitir la mentira, cuáles eran las verdaderas razones? ¿y a qué gobernante occidental le ha importado lo más mínimo la oblación femenina en África, entre otros ejemplos de violación de Derechos en nombre del islam? ¿Y cómo es posible que los gobernantes europeos no estén en diálogo permanente y visible con tantas y tantas asociaciones musulmanas en Europa constructoras de paz? Ah, es que no hay petroleo en África… Ah, es que no conviene demasiado que se vea en los medios la mayoría, inmensa mayoría, aplastante mayoría de personas musulmanas hacen cada día por la paz. En realidad la paz no conviene demasiado a nadie: pone los pelos de punta conocer las noticias de los Bancos más importantes del mundo implicados en la venta de armas.

  • Reply November 25, 2015

    René Villatoro

    Si, ya se, que la religión, la geopolítica, intereses creados, y blablabla. Las preguntas reales deberían ser: ¿cómo, un grupo de muchachos, la mayoría nacidos y educados en Europa (Francia y Bélgica) son capaces de hacerse estallar en nombre de un dios que probablemente ni conocen ni entienden, por un conflicto tan lejano a ellos, con intereses que tampoco les competen?, por favor, esas son las preguntas reales. Si mal no recuerdo, en París, en el 2005 hubo una especie de revolución violenta, protagonizada principalmente por jóvenes hijos de inmigrantes africanos, que se dedicaron alegremente a quemar carros durante dos o tres semanas. Sus “peticiones” rondaban acerca de la falta de oportunidades, el racismo imperante y la falta de accesos a salud, educación y trabajo. Creo que por ahí debe ir el análisis, no olvidemos que siempre que se desata un conflicto a cualquier nivel, cualquiera de las partes, siempre convocan a Dios de su lado, como una especie de mantra, para justificar cualquier desmán y atrocidad que cometan. No amigo Oscar, no va de religión la cosa, al menos, no esta vez.

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